Mariana, una santafesina de 38 años, eligió dejar atrás el ritmo urbano para instalarse en las sierras cordobesas. Desde hace cinco años vive en el valle de Traslasierra, donde encontró una forma de vida más tranquila y cercana a la naturaleza
Su vínculo con el campo comenzó como una prueba en Uruguay, hace más de una década. Esa experiencia le permitió confirmar que quería alejarse de la ciudad y construir su presente en otro entorno
“Ahí decidí que mi vida era en ritmo con la naturaleza. La ciudad me agobió, no era donde quería vivir”, explicó
Una casa pequeña con forma de corazón
Hace tres años comenzó a levantar su propia tiny house en el monte. La vivienda fue construida de manera artesanal con barro, paja y madera, y está formada por dos hexágonos unidos que, vistos desde arriba, parecen un corazón
Después de vivir en un motorhome, Mariana buscaba un espacio sencillo y acogedor. “Quería algo así de chiquito; solo necesitaba un lugar para comer, dormir, un baño y tener algo acogedor, bonito”, describió
Uno de los rasgos más llamativos de la construcción son sus ventanas. En un remate consiguió 12 parabrisas de automóvil y los incorporó a una de las paredes de barro para aprovechar la entrada de luz natural
El uso de esos materiales reciclados representa el espíritu de la casa que siempre quiso tener: una vivienda sustentable, funcional y conectada con sus propias decisiones
Construir sin convertir el proyecto en un sacrificio
La obra se realizó con la minga, una modalidad de trabajo comunitario habitual en la zona. Aunque esperaba reunir a muchas personas, en una de las convocatorias asistieron solo dos. Esa experiencia la llevó a adaptar el proyecto y a valorar cada avance
El proceso duró un año y medio y estuvo marcado por la paciencia, la concentración y la necesidad de hacer pausas cuando el esfuerzo físico y la organización se volvían demasiado exigentes
“Yo no quiero que esta casita nazca desde el sacrificio... realmente creo que las cosas no se consiguen así”, sostuvo
Para Mariana, levantar la vivienda significó mucho más que construir un techo. “Levantar una tiny house es el acto valiente de simplificar para florecer”, definió
Una vida elegida en las sierras
Actualmente vive con su hijo en la cima de una colina, rodeada de monte y paisaje serrano. Desde allí defiende una manera más descontracturada de concebir la vida, basada en escuchar las propias necesidades y recuperar la capacidad de decidir
“Estoy conectada con lo que siento, que me trae el impulso de hacer. Soy una apasionada de la vida. Estoy aprendiendo a ir hacia lo que me implique menos energía y más liviandad”, reflexionó
También destacó la importancia de recuperar el poder personal frente a las expectativas externas. “Creo que lo importante es poder escucharnos a nosotras mismas, a nosotros mismos y validar lo que estamos sintiendo. Venimos a eso, a crecer y a ser, a hacer lo que somos, no a hacer lo que nos dijeron”, concluyó