Las relaciones entre adultos y sus padres suelen quedar atrapadas en expectativas de cambio. Para Mel Robbins, insistir en corregir la personalidad o las conductas de la generación anterior puede profundizar la frustración
La especialista en desarrollo personal considera que, con los años, muchas personas se vuelven más rígidas. Por eso, advierte que ciertos conflictos familiares pueden mantenerse durante largo tiempo, especialmente cuando los padres no reconocen esos problemas o no tienen intención de abordarlos
Aceptar la historia de los padres
Robbins propone reemplazar la expectativa de transformación por una mirada más comprensiva. Su planteo consiste en recordar que los padres ofrecieron lo que pudieron según las experiencias y herramientas que tenían a disposición
Este enfoque no implica justificar los comportamientos dañinos ni negar el impacto de los conflictos. Se trata, en cambio, de aceptar que no es posible controlar las decisiones o la personalidad de otra persona
El cambio puede comenzar en el vínculo
Según la especialista, aun cuando el otro no modifique su conducta, la relación puede adquirir una dinámica diferente. Para eso, resulta necesario actuar con la conciencia de que no se logrará cambiarlo directamente
Robbins sostiene que modificar la manera de presentarse, responder o establecer límites puede producir efectos positivos en el vínculo. El cambio, en ese caso, no parte de transformar al padre o a la madre, sino de revisar la propia forma de relacionarse