Javier Milei dejó de enfrentarse con la realidad que prometió cambiar y pasó a defender la que ayudó a construir
La transformación que impulsó le abrió una oportunidad política, pero también dejó expuestos sus costos. A 14 meses de las elecciones, todavía no asoma un adversario con nombre y apellido que ordene la pelea electoral
Campaña sin rival definido
El Presidente conserva una ventaja clave: aún puede discutir contra sombras antes que contra un contendiente consolidado. Mientras tanto, el oficialismo ya activó la lógica de campaña desde la Casa Rosada
En ese escenario, Milei busca sostener la iniciativa con el discurso fiscal y con gestos que le permitan mostrarse como un mandatario capaz de intervenir sobre los problemas que irritan a una parte importante del electorado
La industria como campo de batalla
La destrucción de empleo registrado y el cierre de empresas se volvieron, al mismo tiempo, un riesgo social y una oportunidad política para todos los espacios. El Gobierno, sin embargo, opta por un tono intransigente y por celebrar la caída de sectores que considera ineficientes o incapaces de competir
En el acto por el Día de la Industria, la ausencia de funcionarios y el pedido empresarial de respeto marcaron el clima de tensión. También quedó expuesto el contraste entre la visión oficial y las demandas de protección frente a la apertura comercial
Mientras algunos ministros avanzan con medidas puntuales para facilitar créditos y beneficios, el núcleo del mileísmo sigue defendiendo el ajuste como condición central de su modelo
La oposición todavía no encuentra forma
Del otro lado, el panorama es disperso. La disputa opositora va desde las salidas más ordenadas hasta una vuelta completa al populismo, con Cristina Kirchner y Axel Kicillof como referencias de un peronismo que no logra correrse de su propia matriz
El recuerdo de elecciones pasadas muestra que, en la definición final, los votos de quienes quedan afuera pueden inclinar la balanza. Milei apuesta a un mano a mano, pero ese desenlace todavía no está asegurado
Por ahora, el Presidente cree que el desorden de sus adversarios le alcanzará para retener el poder. Pero la campaña recién empieza y el cálculo no incluye sorpresas grandes, como las que lo llevaron a la Presidencia