Monika Rohkohl tiene 71 años, es alemana y vive con Eliseo Di Paolo, argentino de 67, gran parte del año sobre el mar. La pareja pasa más de la mitad de sus meses a bordo del Allegrezza, un velero de 13 metros con el que recorre el Mediterráneo y que eligieron como casa para esta etapa de la vida

Un encuentro que cambió todo

La historia empezó en 1978, cuando Monika llegó a la Argentina por trabajo y viajó a Punta del Este. En una de sus travesías haciendo dedo, se cruzó con Eliseo, que tenía 19 años. Desde entonces no se separaron. Se casaron en 1980, formaron una familia y tuvieron tres hijos: Eliseo, Tomás y Enzo

Después de vivir en San Isidro y pasar un tiempo en Valencia, donde nació su segundo hijo, regresaron a la Argentina y levantaron un negocio propio. Primero hicieron catering, luego abrieron un restaurante en San Isidro y construyeron una rutina marcada por el trabajo, los viajes y la crianza

Del trabajo intenso al mar abierto

Con los hijos grandes, la pareja empezó a navegar cada vez más. Probó con regatas, escapadas cortas y salidas por distintos puertos de la región. El punto de quiebre llegó en 2015, cuando cruzaron el Pacífico en el barco de un amigo, entre Panamá y Tahití. Ese viaje los convenció de que querían una vida más larga en el agua

Al volver, vendieron su embarcación anterior y compraron el Allegrezza en Italia. Con esa nave navegaron por Italia, Córcega, Sicilia, Malta y Grecia. Desde 2018 decidieron vivir más de la mitad del año embarcados. También tienen un departamento en Nordelta, que alquilan cuando están fuera

Una casa en movimiento

Monika cuenta que no imaginaban una jubilación pasiva. Prefirieron una vida tranquila, al aire libre, con actividad física y proyectos propios. En el barco se reparten tareas como en cualquier casa: él lleva el timón, cocina y maneja las velas; ella se ocupa de la marinería y la organización cotidiana

El velero cuenta con agua potable, desalinizador, paneles solares y equipamiento para navegar sin depender de puertos. Antes de cada temporada le hacen mantenimiento completo y actualizan la electrónica. También reciben invitados y viajeros en travesías cortas, una actividad que les ayuda a sostener parte de los gastos del barco

Familia, rutina y futuro

Sus hijos también siguieron caminos ligados a la gastronomía y a otros países: uno vive en Mallorca, otro en Buenos Aires y el menor en Costa Rica. Entre todos suman siete nietos, y la pareja organiza sus meses para compartir tiempo con cada rama familiar

La vida a bordo también les impone disciplina. Caminan, nadan, hacen snorkel y cuidan la salud con controles periódicos. Dicen que el límite lo marcará el cuerpo, pero mientras eso no ocurra seguirán eligiendo el mar. Para ellos, jubilarse no fue retirarse, sino cambiar de escenario sin renunciar a la intensidad