Monty Roberts murió a los 90 años en su rancho Flag Is Up Farms, en California, y con él se fue una de las figuras más influyentes de la doma moderna. Conocido como el “susurrador de caballos”, dedicó décadas a demostrar que el vínculo con estos animales podía construirse sin golpes ni coerción

Su hija Debbie confirmó la noticia y lo recordó como un hombre de enorme bondad, convencido de que la confianza podía lograr lo que la fuerza nunca alcanzaría. Durante más de ocho décadas trabajó para cambiar la forma en que se entendía el entrenamiento equino, con una idea que también trascendió al público general: liderar exige paciencia, comunicación y respeto

Un método que cambió la doma

Roberts desarrolló el join-up, una técnica basada en ingresar a un corral circular con un caballo salvaje y comunicarse con él a través del cuerpo, la mirada y la energía. En su versión, el animal aceptaba ser montado en alrededor de media hora, sin gritos, látigos ni espuelas, no por miedo, sino por confianza

Su trabajo fue ignorado durante años, hasta que llamó la atención de Isabel II de Inglaterra, que buscaba alternativas no violentas para el entrenamiento de algunos ejemplares. La reina lo invitó a su país y respaldó sus demostraciones, que quedaron registradas en un documental filmado en Balmoral

Una historia marcada por la violencia

La postura de Roberts también estaba atravesada por su propia infancia. Su padre, domador, lo golpeaba cuando era niño y le fracturó varias costillas. Esa experiencia lo llevó a rechazar cualquier método basado en el maltrato y a sostener que la relación entre personas y caballos estaba profundamente conectada

Su libro El hombre que susurraba a los caballos se volvió un éxito mundial, con millones de ejemplares vendidos y una adaptación cinematográfica protagonizada por Robert Redford y Kristin Scott Thomas. Roberts incluso asesoró a Redford durante la filmación

Su paso por la Argentina

El año pasado visitó la Argentina durante la exposición Nuestros Caballos, en la Sociedad Rural, invitado por la Asociación Criadores de Caballos de Polo. Allí fue entrevistado junto a su esposa Pat y su hija Debbie

Durante esa visita, insistió en que su propósito era mejorar la calidad de vida de los caballos y dejó una advertencia sobre los métodos basados en la imposición: para él, prohibir era casi siempre una mala idea. También sostuvo que había que guiar al animal hasta lograr que quisiera hacer lo que se le pedía

Vestido siempre con la misma camisa, el mismo pantalón y su sombrero de vaquero, Roberts convirtió esa imagen en una marca personal. Pero su legado fue mucho más allá de la estética: buscó cambiar para siempre la forma de mirar a los caballos y, al mismo tiempo, la manera de ejercer el liderazgo