En un salón de unos 2.000 metros cuadrados, Nápoles convierte el almuerzo en una experiencia poco común. El lugar ocupó a comienzos del siglo XX una cochera de la familia Anchorena, donde descansaban carruajes tirados por caballos pura sangre
Hoy, ese pasado convive con caballos de calesita, arañas de bronce, imágenes religiosas antiguas, guerreros mongoles, motos italianas, vitrinas históricas, mascarones de proa y una fila de Maserati que completan una escena imposible de confundir
Una cocina italiana entre reliquias
Al ingresar, el ambiente recuerda a un almacén de época. Entre balanzas antiguas y máquinas de fiambre, una gran mesada de mármol funciona como cocina a la vista. Allí se preparan sorrentinos maiale, ravioli neri, cappelletti, triángulos de calabaza y fettuccine al pepe, en una propuesta centrada en sabores clásicos de la tradición italiana
Detrás del proyecto está Gabriel del Campo, anticuario y coleccionista, que encontró en la ciudad de Nápoles la inspiración para bautizar el restaurante. El disparador fue un viaje de compra de antigüedades que se extendió más de lo previsto y le dejó una idea clara: recrear en Buenos Aires ese espíritu intenso, caótico y vital que, según él, define a esa ciudad
Un museo vivo en Avenida Caseros
El edificio, ubicado a pasos del Museo Histórico Nacional, le permitió unir sus dos pasiones: los objetos antiguos y la hospitalidad. Durante años, Del Campo reunió piezas en depósitos de San Telmo y San Fernando hasta construir un inventario de más de 17.000 objetos
La estructura del inmueble, con columnas remachadas, techos altísimos y bovedillas de ladrillo, fue ideal para instalar su colección de vehículos y antigüedades
Antes de transformarse en restaurante, el espacio ya llamaba la atención de los peatones por los autos clásicos exhibidos hacia la calle. Alfa Romeo, Lancia, Maserati y Mercedes formaban parte de una postal que pronto se volvió parte de la identidad del lugar. Comer allí, entre motores y reliquias, terminó por darle forma a una propuesta abierta y sin solemnidad
Un salón para públicos muy distintos
La clientela es tan variada como el entorno. En una misma mesa pueden coincidir turistas, familias, ejecutivos, artistas y vecinos de la zona
También pasaron por allí figuras internacionales del deporte y la música, además de actores y personalidades del espectáculo. En el ambiente suenan voces italianas clásicas y el movimiento del salón convive con esculturas monumentales y piezas llegadas de distintos rincones del mundo
La carta suma pizzas napolitanas, pastas artesanales, opciones de mar y platos de pescado. Entre las preparaciones más elegidas aparecen los panzottis con muzzarella, crema de queso azul y provola, los ñoquis de rúcula con hongos ahumados, tomate y panceta, la Burrata O Sole Mio y el tiramisú, uno de los postres más pedidos
La colección que también se come
Del Campo cuenta que su vínculo con los objetos empezó en la infancia, cuando juntaba caracoles, piedras y restos de madera encontrados en la playa. También recuerda la influencia de su abuela italiana, en cuya casa se guardaban fotos, manteles, cubiertos, invitaciones y hasta pequeños hilos reutilizados de las cajas de pizza
Esa memoria familiar también marcó el espíritu de la cocina: simple, casera y pensada para emocionar
Recorrer Nápoles con tiempo vale tanto como sentarse a comer. Entre muebles, esculturas, lámparas, vitrinas y piezas insólitas aparecen objetos que pueden terminar en otra casa, porque casi todo lo que se exhibe está en venta. El resultado es un espacio donde restaurante, anticuario y museo se mezclan sin fronteras
Nápoles. Avenida Caseros 449, CABA. Todos los días, de 9.30 a medianoche