Kenis López, un nicaragüense de 45 años, fue deportado por el Servicio de Control de Inmigración y Aduanas de Estados Unidos (ICE) a Bangui, capital de República Centroafricana, después de permanecer siete meses bajo custodia federal

El hombre aseguró que durante su arresto presentó un permiso de trabajo y una resolución judicial que le otorgaba protección frente a una eventual expulsión a Nicaragua

Detención en Mineápolis y protección judicial

López vivía en Minnesota desde 2022 y trabajaba en la construcción. En enero de 2026, agentes migratorios lo abordaron cuando subía a su camioneta frente a su vivienda en Mineápolis

Según relató, llevaba consigo los documentos vinculados con su situación migratoria y se los entregó a los funcionarios. Entre ellos estaba una resolución del Tribunal de Inmigración Fort Snelling, fechada el 13 de agosto de 2024

La decisión incluía una retención de remoción, una medida que impide devolver a una persona a un país donde su vida o libertad podrían estar en peligro por motivos de raza, religión, nacionalidad, opinión política o pertenencia a un grupo social

López también contaba con protección bajo la Convención contra la Tortura, que prohíbe trasladar a un beneficiario a un territorio donde exista una probabilidad mayor de que sea sometido a tortura

Siete meses en centros de detención

A pesar de presentar la documentación, López afirmó que no fue liberado. Los agentes le dijeron que debían realizar una verificación de datos en una oficina del ICE

Luego fue trasladado desde Minnesota a un centro de detención en Texas y más tarde a Luisiana. Pasó por instalaciones en Alexandria antes de llegar al correccional de Jackson, donde permaneció durante los seis meses previos al inicio de su proceso de expulsión

Su historial en Estados Unidos incluía un delito menor por conducir sin la licencia adecuada en 2023. El Departamento de Seguridad Nacional no informó si ese antecedente influyó en la decisión y describió a López como un “inmigrante ilegal”

El traslado desde Dallas hacia África

El 28 de agosto, López llegó a Dallas para abordar el vuelo de deportación. Según contó, desconocía el destino exacto y solo sabía que sería enviado a África

Ante esa situación, se negó a bajar del autobús que lo había llevado hasta la pista. “No me voy a bajar. Prefiero morirme aquí que en un continente tan lejano”, recordó que les dijo a sus custodios

López aseguró que, después de resistirse, un agente ordenó dispararle con balas de goma. Otros detenidos que se encontraban en el autobús también describieron disparos y mostraron fotografías de hematomas

El nicaragüense afirmó que luego lo sacaron a rastras y lo subieron al avión. Según su relato, permaneció atado de pies y manos y con un casco en la cabeza. Fue durante ese trayecto cuando supo que el destino era República Centroafricana

El Departamento de Seguridad Nacional rechazó las acusaciones sobre el trato recibido por los detenidos y sostuvo que no se estaba golpeando ni abusando de ninguna persona bajo custodia

Vigilancia y asistencia en Bangui

El vuelo llegó a Bangui el 30 de agosto. López aseguró que hasta entonces no tenía referencias sobre la ciudad ni sobre el país y que comenzó a informarse cuando logró acceder a internet

Actualmente permanece en un edificio de apartamentos de la capital junto con su compatriota Luis Carlos Mendoza. Ambos afirmaron que están vigilados “día y noche” y que no han salido desde su llegada

La Organización Internacional para las Migraciones se encarga de brindarles alimentación y alojamiento. López explicó que reciben desayuno, almuerzo y cena. La organización indicó que presta asistencia a pedido del gobierno local y que no interviene en las decisiones de admisión o expulsión

El pedido de López desde República Centroafricana

Desde Bangui, López describió su situación como cruel y frustrante. También expresó temor por posibles enfermedades como la malaria, el cólera y la fiebre amarilla. Contó que pasó aproximadamente dos días con problemas estomacales

Su principal pedido es que revisen su caso y le permitan regresar a Estados Unidos, donde viven sus dos hijos

“Le pido al gobierno de Estados Unidos, a los congresistas, a los senadores que revisen nuestros casos. No somos criminales”, afirmó

Mientras permanece en Bangui, López dedica parte de su tiempo a leer la Biblia y asegura que continúa “confiando en Dios”