Las uniones infantiles, tempranas y forzadas siguen presentes en México y golpean con más fuerza a niñas y adolescentes indígenas. Pese a los avances legales y a la estrategia federal enfocada en 50 municipios prioritarios, el problema continúa arraigado en distintas regiones del país
Un fenómeno que persiste
Los microdatos censales de 2020 muestran que 3.4% de las mujeres de entre 12 y 17 años estaban unidas al momento del censo. La incidencia de matrimonios formales a esas edades es prácticamente nula
La desigualdad también aparece por sexo: las prevalencias entre adolescentes mujeres son mucho más altas que entre los hombres del mismo grupo de edad
El peso del territorio y la pertenencia étnica
El mapa nacional revela focos de mayor preocupación en estados como Nayarit, donde la prevalencia entre niñas y adolescentes indígenas llega a ubicarse entre 9.0% y 19.3%. También se mantienen cifras elevadas en Sonora, Chihuahua, Chiapas, Tabasco, Guerrero y Michoacán
En contraste, los niveles son menores en el centro del país, además de Tamaulipas y Ciudad de México. Entre población afrodescendiente, los registros más altos aparecen en Chiapas y Quintana Roo, aunque con cautela por el bajo número de casos detectados. En la población no indígena ni afrodescendiente, la prevalencia es baja en casi todo el país, salvo en Guerrero
La población indígena, la más afectada
El análisis por condición étnico-racial confirma la magnitud del problema: 19% de las adolescentes indígenas se encontraba casada o unida antes de los 18 años. La cifra contrasta con 4.3% entre afrodescendientes y 5.4% entre quienes no se identifican como indígenas ni afrodescendientes
En términos absolutos, el censo reportó 174,987 niñas y adolescentes indígenas de 12 a 17 años alguna vez unidas o casadas. En el mismo rango hubo 4,682 afrodescendientes y 65,763 integrantes del resto de la población
Estas diferencias no responden solo a factores culturales. También reflejan desigualdades históricas ligadas a pobreza, exclusión educativa, barreras geográficas y falta de acceso a servicios públicos y protección social
Unión temprana, maternidad y abandono escolar
La relación entre uniones tempranas y maternidad adolescente es clara. Más de la mitad de las adolescentes unidas ya son madres antes de cumplir 18 años, mientras que entre las adolescentes solteras la maternidad apenas llega a 1.1%
El patrón se agrava entre las adolescentes separadas, donde también se observan niveles muy altos de maternidad, con mayor riesgo de pobreza, sobrecarga de cuidados y abandono escolar
La ruptura de la trayectoria educativa es una de las consecuencias más visibles. Solo 23% de las niñas y adolescentes que alguna vez estuvieron unidas asiste a la escuela, frente a 90% de sus pares solteras
Además, 61% de ese grupo no estudia ni trabaja remuneradamente, contra 7% entre las adolescentes solteras. Entre quienes no estudian ni trabajan, 90% de las adolescentes unidas dice dedicarse por completo al trabajo doméstico no remunerado
Una desigualdad que sigue abierta
Los matrimonios y uniones infantiles refuerzan la división sexual del trabajo, limitan la autonomía física y económica, incrementan la exposición a violencia de género y reducen la participación social y cívica de las jóvenes
La prohibición legal del matrimonio infantil no ha sido suficiente para frenar el problema. Los datos apuntan a una realidad estructural que exige políticas públicas integrales, con enfoque de derechos, género, interculturalidad y territorio, para proteger de forma efectiva a miles de niñas y adolescentes en el país