Las comunidades indígenas de Mesoamérica sostienen economías locales desde hace generaciones, pero siguen recibiendo una porción mínima de los fondos internacionales pensados para apoyarlas. La brecha quedó otra vez en el centro del debate en Panamá, donde organizaciones de la región discutieron cómo ampliar ingresos y oportunidades sin reducir su desarrollo a la lógica de exportar más
De acuerdo con el Fondo Territorial Mesoamericano, apenas alrededor del 1% del financiamiento climático destinado a pueblos indígenas y comunidades locales termina en los territorios. La cifra contrasta con el papel que estas poblaciones cumplen en la administración de bosques, la producción de alimentos, el trabajo artesanal y la preservación de conocimientos ancestrales
Economía con raíces territoriales
Levi Sucre Romero, coordinador de la Alianza Mesoamericana de Pueblos y Bosques, sostiene que la economía indígena no puede medirse solo por el dinero que mueve. Para estas comunidades, dice, el punto de partida es garantizar una vida digna, acceso a servicios básicos, soberanía alimentaria y continuidad cultural, con la posibilidad de vincularse al mercado cuando existan condiciones reales para hacerlo
En la región ya hay experiencias de comercialización de productos, emprendimientos liderados por mujeres y actividades que lograron cumplir requisitos para vender fuera de sus territorios. Aun así, esas iniciativas siguen siendo pequeñas frente a la escala de la economía convencional
La apuesta, explican los organizadores, es producir primero para asegurar bienestar, luego agregar valor y finalmente llegar a nuevos compradores sin desarmar las prioridades del territorio
Más bosque bajo manejo comunitario
María Pía Hernández, gerente del Fondo Territorial Mesoamericano, recordó que las organizaciones vinculadas a la AMPB tienen títulos colectivos o concesiones sobre territorios que abarcan más del 36% de los bosques de Mesoamérica. Allí se incluyen zonas como Darién, la Selva Maya y áreas vinculadas al Parque Internacional La Amistad
Esos ecosistemas enfrentan invasiones de tierras, expansión agrícola y ganadera, narcotráfico, criminalidad y efectos cada vez más intensos del cambio climático. Inundaciones, sequías y otros eventos extremos presionan a comunidades que, pese a sus limitaciones, siguen cuidando algunos de los espacios naturales mejor conservados de la región
Para reducir la distancia entre los fondos disponibles y su uso real en el territorio, en 2023 fue creado el Fondo Territorial Mesoamericano, un mecanismo diseñado y gestionado por pueblos indígenas y comunidades locales. Hoy trabaja con más de 35 entidades y recibe aportes de fundaciones privadas, cooperación bilateral y multilateral, además de fondos internacionales vinculados al ambiente
La iniciativa comenzó con unos 220.000 dólares para poner en marcha su estructura y espera cerrar este año con un presupuesto cercano a 3 millones. Su regla interna establece que 70% de los recursos debe llegar a inversión territorial, mientras una planta operativa de cuatro personas mantiene bajos los costos administrativos
Proyectos para mujeres, bosques y jóvenes
En Panamá, los recursos ya apoyan acciones de protección territorial, restauración de bosques, fortalecimiento de la gobernanza y consolidación de emprendimientos indígenas. En territorios Emberá hay proyectos de señalización para enfrentar invasiones y tareas de regeneración natural
En Gunayala también avanzan iniciativas territoriales y apoyo a jóvenes para impulsar actividades productivas dentro de sus comunidades
El componente económico pone especial atención en las mujeres. El fondo acompaña a organizaciones de artesanas Emberá para fortalecer sus negocios, mejorar sus productos y conectarlos con cadenas comerciales más amplias. También se impulsan experiencias como la comercialización local del coco por parte del pueblo Gunadule y el trabajo de la Asociación de Mujeres Artesanas Emberá
Hernández advirtió que la falta de oportunidades empuja a muchos jóvenes a salir de sus comunidades en busca de alternativas laborales. Por eso, parte de las inversiones se orienta a emprendimiento y formación, con la idea de que migrar a la ciudad deje de ser la única salida posible
Ni asistencialismo ni exportación forzada
Sucre Romero también cuestiona que los subsidios se conviertan en la respuesta permanente a las necesidades económicas indígenas. A su juicio, pueden ser útiles en ciertos momentos, pero no deberían reemplazar inversiones que construyan capacidades productivas y autonomía de largo plazo
La alternativa tampoco es exigir exportaciones inmediatas a todas las comunidades. Algunas necesitan primero asegurar su alimentación, ordenar sus emprendimientos o desarrollar capacidades técnicas antes de competir en mercados externos. Cuando estén listas, deberán resolver desafíos de calidad, volumen, acceso a compradores y reconocimiento del valor real de lo que producen
El Fondo Territorial Mesoamericano prepara además el proyecto Corazón de la Conservación, con aval del Ministerio de Ambiente de Panamá y recursos del Fondo para el Medio Ambiente Mundial. La iniciativa comenzará el próximo año y trabajará en conservación, adaptación y mitigación climática en territorios indígenas panameños
En una primera etapa alcanzará territorios vinculados a AMARIE, Gunayala y comunidades Emberá, con la posibilidad de sumar después pueblos Naso y Ngäbe-Buglé, además de otras comunidades del occidente del país
Los programas regionales reportan 56.405 beneficiarios directos y más de 200.000 indirectos. En Panamá, la cifra ronda las 10.000 personas, con 58% de mujeres, mientras el conjunto de iniciativas cubre más de cinco millones de hectáreas de bosque bajo manejo comunitario
El fondo también trabaja con indicadores bioculturales para medir resultados que no siempre entran en los parámetros tradicionales: el regreso de una especie de ave, mejoras en el agua o el aumento de jóvenes que hablan su lengua. Para las comunidades, esos cambios también son desarrollo
El mensaje que dejó el encuentro fue claro: no se trata de inventarles una economía a los pueblos indígenas, porque ya producen, intercambian, conservan y administran recursos. El desafío está en lograr que más financiamiento llegue directo, que los emprendimientos crezcan y que ese avance no destruya justamente los bosques y saberes que los sostienen