El 29 de agosto, en un encuentro en Moscú con estudiantes y personal universitario, Vladimir Putin sorprendió con una comparación sobre orcas y osos polares para justificar la guerra contra Ucrania. Más allá de lo extravagante del comentario, la escena dejó ver una visión del poder basada en la fuerza y la depredación
En las capitales de la OTAN crece la alarma por el rumbo que podría tomar el Kremlin. El ejército ruso sigue sin avances decisivos tras años de desgaste y decenas de miles de bajas mensuales, mientras la guerra se ha convertido en una campaña de drones y misiles que golpea con dureza a Ucrania, pero también afecta a Rusia
Señales de un giro más agresivo
En los últimos días se acumularon indicios de nerviosismo en Europa. Hubo movimientos de inteligencia, refuerzos fronterizos y nuevas acusaciones por ataques con drones y sabotajes vinculados a Rusia en distintos países. Al mismo tiempo, Putin rompió su silencio sobre los ataques ucranianos contra refinerías y centros logísticos rusos y prometió represalias contra sectores sensibles de la economía ucraniana
También dejó claro que no piensa detener la guerra. Según el relato de su entorno, el mandatario habría concluido que prolongar el conflicto actual ya no le alcanza y que necesita otra forma de salir del estancamiento
La lógica interna del Kremlin
La preocupación central en Moscú no sería solo militar, sino política. El desgaste prolongado ha erosionado la normalidad en Rusia, alimentado el malestar social y debilitado la confianza en la propaganda oficial. Encuestas independientes muestran un clima cada vez más tenso, con referencias a la guerra, las muertes, la movilización y los ataques con drones
Entre las élites también crece la inquietud. El costo del tiempo perdido en la guerra ya se percibe como un fracaso, y la idea de debilidad resulta especialmente peligrosa dentro del sistema que dirige Putin. Para el presidente ruso, terminar el conflicto sin cumplir al menos su objetivo mínimo en el este de Ucrania podría dejarlo expuesto
Qué podría venir ahora
La escalada, si se concreta, podría tomar varias formas. Una opción sería intensificar la guerra híbrida, el sabotaje y la presión sobre las rutas de suministro hacia Ucrania. También existe el temor de ataques contra infraestructuras europeas vinculadas al esfuerzo bélico ucraniano, aunque sin llegar a una confrontación directa con la OTAN
En Ucrania, Rusia ya prepara nuevos golpes contra la infraestructura energética. En tierra, fuentes rusas apuntan a un aumento del reclutamiento, sin necesidad de anunciar otra movilización formal. A eso podría sumarse una mayor represión interna para exhibir fortaleza ante la población y las élites
El problema de fondo es que ninguna de estas vías resuelve las fragilidades de Rusia. Solo pueden profundizar el sufrimiento dentro y fuera del país, y aumentar la inestabilidad que la guerra ya dejó instalada