El 28 de agosto de 1975 iba a ser un día de festejo en la casa de los Cuello, en San José de Jáchal, San Juan. Gustavo cumplía años al día siguiente y Raúl, el mayor de los hermanos, debía volver esa tarde después de varias semanas en Tucumán. Su madre había preparado tortas, masitas y bizcochuelo
Raúl tenía 19 años y hacía menos de un año que había entrado en Gendarmería. Era, según recuerda su hermana Mónica, un chico muy cercano a la familia, solidario y siempre dispuesto a ayudar. Le gustaba el folclore, tocaba la guitarra y era hincha de Boca
Después de terminar el secundario ingresó al Escuadrón 25 de Jáchal y, más tarde, viajó a Buenos Aires para incorporarse a la escuela de la fuerza. En mayo de 1975 regresó a San Juan y, poco después, insistió para sumarse al contingente que iba a Tucumán en el marco del Operativo Independencia
La decisión de ir a Tucumán
La provincia estaba entonces atravesada por la escalada de violencia y por la presencia de la guerrilla del PRT-ERP. En febrero de 1975, el gobierno de María Estela Martínez de Perón había firmado el decreto secreto 261/75, que ordenaba al Ejército desplegar operaciones para neutralizar al accionar subversivo
Raúl se ofreció para viajar. Al principio no querían llevarlo por su escasa antigüedad, pero terminó integrando el grupo que partió después de su cumpleaños, el 3 de julio. A su familia le alcanzaba la preocupación y la información llegaba apenas por radio
El 28 de agosto, un Hércules C-130 aterrizó en Tucumán para trasladar de regreso a San Juan a 114 gendarmes. A las 13.05 comenzó el despegue, pero una bomba colocada en la pista explotó cuando el avión ya había levantado vuelo. El impacto provocó el incendio de la aeronave y dejó seis muertos y 23 heridos
La acción fue reivindicada por Montoneros bajo el nombre de Operación Gardel. Para la familia Cuello, sin embargo, la noticia llegó primero como una confusión de radio y después como una certeza devastadora
El rescate dentro del avión
Durante horas no tuvieron confirmación oficial. Vecinos, parientes y amigos llegaron a la casa mientras ellos iban y venían al escuadrón en busca de respuestas. Recién de madrugada les confirmaron que Raúl estaba entre las víctimas
Con el tiempo supieron lo que había pasado dentro del Hércules: Raúl había logrado salir del aparato, pero volvió a entrar en medio del fuego para socorrer a sus compañeros. Varios sobrevivientes relataron después que los había ayudado a salir. Murió por asfixia
Para su hermana, no fue una sorpresa. Dice que siempre lo imaginó capaz de actuar así. Con los años, su nombre quedó ligado a la memoria institucional de Gendarmería: una escuela de suboficiales lleva su nombre y también se realizaron homenajes en su honor
Una deuda que sigue abierta
La historia, sin embargo, no se cerró para la familia. Mónica sostiene que nunca recibieron una reparación específica por su muerte y ahora impulsa un reclamo económico. También cuestiona la falta de un reconocimiento más amplio y público
Su madre murió en 1996, después de sufrir varios infartos tras la pérdida de su hijo. Su padre hoy tiene 88 años y la familia intenta cuidarlo de las emociones más fuertes. Mónica quedó al frente de los trámites y del vínculo con la institución
Este año quiere que el homenaje sea distinto: en un espacio público, con familiares de los otros fallecidos y con sobrevivientes del ataque. Después de 51 años, dice que la herida sigue abierta y que lo único que espera es que la historia de Raúl sea conocida como lo que fue: la de un chico joven que eligió volver al fuego para salvar a otros