En el departamento San Javier, en Traslasierra, Santos Becerra sigue aferrado a una rutina marcada por el trabajo manual y el contacto diario con la tierra. Nació, creció y vivió siempre en esa zona de Córdoba, donde hoy, con 67 años, continúa haciendo oficios que aprendió de joven
Su historia tomó visibilidad durante una recorrida por su campo, en la que mostró cómo fabrica ladrillos de adobe, dónde los cocina y cómo mantiene una huerta destinada, sobre todo, a su propio consumo
Un oficio aprendido desde adolescente
Becerra contó que empezó a cortar ladrillos a los 13 años, cuando trabajaba como peón. También recordó que terminó la escuela hasta séptimo grado, que era el nivel disponible en ese momento, y que alternaba el estudio con el trabajo
Según relató, en la zona las oportunidades laborales fueron siempre escasas. Por eso sumó otros oficios, como el trabajo con cuero, aunque luego lo dejó porque no le dejaba buenos ingresos. También conoció de cerca la recolección de hierbas medicinales, una actividad tradicional de Traslasierra
El proceso del adobe sigue siendo completamente artesanal. Todo empieza en los pisaderos, sigue con el traslado del material y termina en el horno playero, donde las piezas se cocinan a altas temperaturas. Becerra explicó que suele trabajar durante el invierno para dejar preparada la producción que luego se cocina en verano
La huerta como parte de la vida diaria
Además del adobe, la huerta ocupa un lugar central en su vida. Allí cultiva alimentos que consume en su casa y que, para él, representan una forma de aprovechar la tierra con criterio propio
Becerra sostiene que producir parte de lo que se come permite tener mayor control sobre la alimentación y conocer mejor su origen. En su mirada, la tierra no solo sirve para trabajar, sino también para sostener una mesa más sana y cercana
Con la experiencia de toda una vida en el campo, asegura que se siente bien y que no cambiaría este presente por el de otras etapas. Su historia resume una manera de vivir en la que el esfuerzo cotidiano, la producción propia y el vínculo con el entorno siguen marcando el ritmo de cada día