Seis meses después del inicio de la guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán, los pronósticos más sombríos no se cumplieron. No hubo colapso financiero global ni una recesión inmediata, aunque casi ningún sector quedó indemne
En los mercados, el golpe inicial fue fuerte. El petróleo subió, Wall Street retrocedió y los principales índices entraron en corrección. Pero desde fines de marzo se produjo un rebote importante: el Dow Jones avanzó casi 19%, el S&P 500 cerca de 22% y el Nasdaq 27%
Ganadores en la bolsa
Para los inversores que no reaccionaron con pánico, el balance terminó siendo positivo. La incertidumbre inicial cedió paso a una recuperación apoyada también por el entusiasmo en torno a la inteligencia artificial, que ayudó a compensar parte del impacto económico del conflicto
Aun así, en la economía cotidiana el efecto sigue presente: más costos de combustible, alimentos y viajes para millones de personas
Viajar cuesta más
El mayor impacto visible fue el del petróleo. Con el tránsito de buques por el estrecho de Ormuz ralentizado, el Brent pasó de unos 72 dólares por barril antes de la guerra a rozar los 120. Aunque luego bajó, todavía se mantiene alrededor de 20% por encima del nivel previo
Ese salto encareció especialmente el transporte. La Asociación Internacional de Transporte Aéreo prevé que el combustible para aviones cueste, en promedio, 70% más que en 2025. Las aerolíneas trasladaron parte de ese aumento a los pasajeros con tarifas más altas, recargos por combustible y menos rutas
La energía limpia gana terreno
La suba del petróleo reforzó el argumento a favor de tecnologías menos dependientes de los hidrocarburos. En varias economías, las ventas de vehículos eléctricos marcaron récords o fuertes saltos: Singapur registró un alza interanual de 110%, Nueva Zelanda de 180% y Colombia de 300%
En el mundo, se espera que los autos eléctricos representen 29% de las ventas totales de vehículos en 2026, frente al 25% del año pasado. También crecieron los anuncios de medidas para acelerar energías renovables, energía nuclear, refinación local y paneles solares en distintas regiones dependientes del crudo del Golfo Pérsico
El costo para los más pobres
Para quienes viven con menos margen, la guerra tuvo un efecto más duro. El aumento de los precios de los fertilizantes golpeó a los agricultores justo cuando definían sus cosechas. En abril, esos insumos llegaron a estar 44% por encima del nivel previo al conflicto
Algunos productores redujeron su uso, una decisión que puede comprometer la productividad futura de la tierra. Al mismo tiempo, la presión sobre el transporte dificultó la tarea humanitaria y agravó el riesgo de hambre en regiones de Asia y África
Negocios al amparo del poder
El conflicto también dejó beneficiarios políticos y empresariales. Empresas vinculadas a la familia del presidente Donald Trump y a su entorno obtuvieron impulso a través de contratos y participaciones en compañías del sector defensa
Entre ellas figuran Powerus, que recibió un contrato de la Fuerza Aérea por hasta 90 millones de dólares para suministrar interceptores contra drones iraníes, y otras firmas con negocios relacionados con armamento y sistemas satelitales. Además, la cartera de inversiones del presidente incorporó acciones de proveedores militares favorecidos por la guerra y títulos de petróleo y gas que habrían aumentado su valor
Mientras tanto, el costo político del conflicto sigue abierto. La guerra no solo alteró precios y cadenas logísticas: también puede influir en el humor del electorado de cara a las próximas elecciones legislativas