La aparición de la presidenta de Perú, Keiko Fujimori, con un traje confeccionado por Sue Zacnich convirtió a la diseñadora y a su taller en tema de conversación pública. El encargo, que llegó después de un primer contacto generado a través de redes sociales, hizo que su nombre circulara con fuerza y que su trabajo a medida ganara una visibilidad inédita
Zacnich asegura que el momento fue un honor y también una oportunidad para mostrar el oficio que aprendió en un entorno familiar marcado por las telas, los cortes y las medidas. Creció en San Martín de Porres, hija de una sastre que trabajó toda la vida junto a su padre, y hoy considera que continuar ese legado es una de las partes más valiosas de su historia
Un oficio que pasó al centro de la escena
La diseñadora cuenta que no llegó a ese encargo por casualidad. Buscó el contacto, fue referida y luego su trabajo fue revisado por el entorno de la mandataria. En su primer encuentro llevó algunas prendas de muestra, entre ellas un blazer de denim, y la pieza terminó siendo elegida para una reunión. Desde entonces, dice, su nombre empezó a expandirse en redes y entre clientes potenciales
También reconoce que la exposición trajo presión, pero prefiere concentrarse en la satisfacción de quien usa sus prendas. Para ella, lo importante es que la presidenta esté cómoda y conforme con el resultado
Sastrería femenina en un rubro masculinizado
Zacnich ve este momento como una señal del lugar que hoy puede ocupar una mujer dentro de la sastrería. Explica que empezó trabajando solo prendas masculinas y luego abrió una línea femenina. En su formación, recuerda, no le permitieron graduarse con trajes y tuvo que presentar vestidos, algo que hoy contrasta con la apertura que observa en nuevas generaciones de diseñadoras
La diseñadora dice haber enfrentado desconfianza por ser joven y mujer al frente de un taller, pero afirma que diez años de trabajo sostenido terminaron imponiendo la referencia de su oficio por encima de cualquier prejuicio
La técnica detrás del traje presidencial
Sobre la prenda usada por la presidenta en la Parada Militar, Zacnich detalla que se trató de un sastre de tres piezas en tono marfil, con blazer negro y detalles blancos en las solapas. La confección incluyó un top del mismo color que la solapa para mantener una imagen uniforme
La elección de materiales también respondió a criterios técnicos. La diseñadora explica que trabajaron con una tela de lana fina y fresca, y rechaza la idea de que la prenda fuera incómoda por el clima. Según señala, prefieren evitar poliéster por la diferencia de calidad, caída y presencia frente a cámara y en actos oficiales
La mandataria, añade, tiene claridad sobre lo que busca, mientras el taller aporta la parte técnica y de confección. Incluso prepararon una alternativa de pantalón acampanado, aunque finalmente se optó por un corte recto
Bordados, identidad y colaboración artesanal
Otro rasgo que ha acompañado los atuendos de la presidenta es la incorporación de bordados con referencias identitarias. Zacnich afirma que esos detalles responden a un pedido de la propia mandataria, interesada en proyectar peruanidad en su vestimenta
En ese proceso trabajó junto a la diseñadora Cleofé Mendoza, con bordados hechos por artesanos de Huancayo e inspirados en los tocapús. La confección fue rápida, en poco más de dos semanas, y exigió varios ajustes porque la presidenta había bajado de peso
Zacnich también dice sentirse halagada por compartir espacio con otras figuras de la moda peruana que han vestido a la mandataria. Menciona a creadoras y creadores de distintas generaciones y considera positivo que esa diversidad muestre la amplitud del diseño nacional
Sobre la polémica por una pieza atribuida a otro diseñador y vinculada con la comunidad shipibo-konibo, sostiene que, si hubo incomodidad, corresponde disculparse y corregir. Aun así, cree que el foco debería estar en reconocer las inspiraciones y valorar que una presidenta luzca prendas hechas por creadores peruanos
Para Zacnich, vestir a la jefa de Estado no solo elevó la visibilidad de su marca. También reforzó una idea central en su carrera: la sastrería peruana puede dialogar con la identidad, la representación femenina y la tradición familiar sin perder vigencia ni oficio