Lesley Hornby tenía 16 años cuando fue descubierta en 1966 por una editora de moda. Su figura delgada, las pecas, el cabello rubio con corte pixie y sus grandes ojos azules, destacados por pestañas postizas, la diferenciaban de las modelos que dominaban la época

Desde entonces fue conocida como Twiggy. Con 1,68 metros de estatura y una apariencia menuda, se convirtió en uno de los rostros de la nueva cultura juvenil que transformaba Londres. Su origen también rompía con los códigos habituales de la industria: pertenecía a una familia trabajadora y su padre era carpintero

Una carrera que no terminó en las pasarelas

La imagen de Twiggy apareció en campañas de cosméticos, ropa y numerosos productos. Sin embargo, su recorrido profesional se extendió mucho más allá del modelaje y abarcó seis décadas de actividad artística

Después de cuatro años frente a las cámaras de fotógrafos como Barry Lategan, Cecil Beaton, Bert Stern, Richard Avedon y Helmut Newton, dio el salto al cine. El director Ken Russell la eligió como protagonista de El novio, un musical estrenado en 1971, aunque hasta entonces no tenía experiencia en actuación, canto ni danza

Twiggy aceptó el desafío y tomó clases de canto y baile. En apenas un año aprendió tap. Su actuación le valió dos premios Globo de Oro. Más tarde trabajó en el teatro londinense, participó en decenas de películas y programas de televisión, grabó discos y creó líneas de moda

En 1983 regresó a Broadway junto a Tommy Tune para protagonizar una nueva versión del musical de Gershwin My One and Only. Por ese trabajo recibió una nominación al premio Tony

La exposición y la defensa de su propia voz

Un documental dirigido por Sadie Frost repasa distintos momentos de su vida pública, incluidos los episodios de acoso de los que fue objeto cuando todavía era adolescente y las preguntas invasivas sobre su cuerpo que recibió en televisión

En una entrevista con Woody Allen, él le preguntó cuál era su filósofo favorito. Twiggy respondió con la misma pregunta y consiguió dejarlo en silencio. A lo largo de su carrera, sostuvo que intentaba responder de manera educada, pero sin aceptar ser reducida a una caricatura

Con casi 77 años, asegura que no dedica demasiado tiempo a pensar en su apariencia. “Si empiezas a meterte en eso, de ‘Ay, Dios mío, tengo esta arruga y aquella arruga…’”, dijo antes de dejar la frase inconclusa

El papel de su familia

Cuando le preguntan por la seguridad que mostró desde joven, Twiggy atribuye buena parte de esa fortaleza a su padre, Norman. Durante la infancia de sus tres hijas, su esposa Nell Hornby atravesó problemas de salud mental y tuvo internaciones periódicas

Norman quedó a cargo de la familia y, según recuerda Twiggy, procuró mantener a sus hijas protegidas de la situación. También recuerda la manera en que él defendía su amor por Nell cuando otros cuestionaban por qué permanecía a su lado

En sus primeros años como modelo también contó con el respaldo de quien entonces era su novio y representante, Justin de Villeneuve. “Yo era una niña, pero nadie me tocó”, recordó al hablar de esa etapa

Una vida familiar y un atractivo que continúa

Twiggy atravesó momentos difíciles, entre ellos la muerte repentina de su primer esposo, el actor Michael Witney, cuando su hija Carly tenía cinco años. Más tarde volvió a casarse con el actor, escritor y director Leigh Lawson, con quien lleva casi cuatro décadas

Hoy es abuela de los dos hijos de Carly y mantiene una estrecha relación con amigos como Dustin Hoffman, Fran Drescher, Joanna Lumley, Paul McCartney y Stella McCartney. En 2019, Stella diseñó el esmoquin color crema que Twiggy llevó al recibir el título de dama en el palacio de Buckingham

Su estilo actual es más relajado. Prefiere la ropa cómoda, no suele comprar prendas de alta gama y dice que no puede usar tacones altos porque los detesta

Aun así, su figura sigue despertando interés entre distintas generaciones. Según contó, buena parte de los mensajes que recibe proviene de jóvenes de entre 14 y 25 años. Para Twiggy, ese personaje que creó en los años 60 continúa acompañándola, como una pequeña figura sentada sobre su hombro que nunca termina de desaparecer