Para estimular a un gato no hace falta gastar mucho. Esa es la idea que defiende el veterinario Carlos Gutiérrez, quien asegura que los objetos más básicos suelen ser los que mejor despiertan los comportamientos naturales de los felinos
Entre todas las opciones, la caja de cartón ocupa el primer lugar. Según el especialista, funciona como refugio, ayuda a bajar el estrés y aporta una sensación de resguardo dentro del hogar. También actúa como aislante térmico y puede facilitar la adaptación del animal ante cambios como una mudanza o la presencia de personas nuevas
Juegos caseros que activan su instinto
Gutiérrez también recomienda tubos de papel higiénico o de cocina. Al moverse por el suelo y chocar con muebles, llaman la atención del gato y lo invitan a ejercitarse
Otra alternativa consiste en usar mantas o toallas para esconder objetos debajo y dejar que el animal intente atraparlos. Para el veterinario, este tipo de juego resulta más estimulante que muchos juguetes electrónicos, porque no anticipa sus movimientos de manera repetitiva
Los tapones de plástico también pueden servir. Como se deslizan con facilidad, sugiere usarlos en un espacio controlado, como la ducha o la bañera, para evitar que terminen bajo los muebles
Además, propone medias rellenas con bolas de papel, una opción resistente que el gato puede morder, sujetar y golpear con las patas traseras. Si conserva el olor de su cuidador, puede resultar todavía más atractiva
La seguridad, primero
Aunque defiende estas ideas simples, el veterinario insiste en revisar cada material antes de dárselo al animal. En las cajas de cartón, por ejemplo, hay que quitar grapas, piezas metálicas y bordes que puedan lastimarlo
También advierte sobre el riesgo de que el gato ingiera partes pequeñas, algo que podría provocar una obstrucción intestinal grave. Por eso desaconseja el uso de hilos o cuerdas muy finas, que pueden romperse con facilidad y generar complicaciones si las traga
Su recomendación final es clara: convertir la casa en un entorno de exploración seguro, donde el bienestar emocional del gato dependa más de la creatividad que del dinero invertido