Abigail, una argentina que vive en Tokio desde hace 11 años, compartió una mirada poco idealizada sobre el mercado laboral japonés y explicó por qué abandonó su trabajo en una empresa para dedicarse a las redes sociales

Según contó, en 2020 cobraba 4 millones de yenes al año, unos 38 millones de pesos. De ese ingreso, alrededor de 3 millones le quedaban en mano. En su caso, una parte importante se iba en alquiler y el resto alcanzaba para vivir, aunque le resultaba posible ahorrar mientras compartía los gastos con su esposo

El costo de vivir y el techo salarial

La creadora de contenido señaló que trabajar en Tokio implica salarios algo más altos, pero también alquileres más caros. Además, afirmó que la inflación se mantuvo muy baja durante años, con aumentos mínimos en los precios, aunque eso no se traduce necesariamente en mejores ingresos para los trabajadores

También sostuvo que el vínculo tradicional entre empresas y empleados cambió. Antes, dijo, había una lógica de permanencia prolongada y protección laboral; hoy, en cambio, los aumentos de sueldo suelen llegar solo si la persona cambia de empleo

Abigail aseguró que cuando vivía sola la situación era mucho más ajustada y que incluso no tenía ahorros en ese momento. Esa combinación, sumada a las exigencias de la jornada laboral, la llevó a replantearse su futuro profesional

La decisión de cambiar de rumbo

Entre los factores que la impulsaron a salir del empleo tradicional mencionó la cantidad de días libres y las horas extra no pagas. En Japón, explicó, existen las horas extra incluidas dentro del salario y recién después de superado ese límite se cobra un adicional real

Hoy, relató, la paga por hora se mueve en un rango de entre 100 y 1.100 yenes. Por eso, remarcó que Japón no es un lugar pensado para el ahorro fácil y que en otros países de Asia pueden encontrarse mejores salarios para ciertos puestos

Abigail llegó al país por estudios y decidió quedarse por la seguridad y la estabilidad, pero cerró con una conclusión tajante: los sueldos japoneses, según su experiencia, ya no alcanzan para avanzar económicamente