Daniela Fuentes vivía abiertamente como mujer en Miami. Allí trabajaba como estilista y actuaba en un club nocturno. Desde el 29 de agosto, sin embargo, permanece en Bangui, República Centroafricana, un país que no conocía y donde asegura que debe ocultar su identidad para protegerse
La mujer trans cubana, de 32 años, comparte una habitación con cuatro hombres cubanos deportados desde Estados Unidos. Usa ropa masculina, baja la voz y solo se coloca su peluca en la privacidad del baño
“Todo es difícil aquí porque tengo que esconder quién soy”, afirmó Fuentes. También dijo que desconoce el idioma, no tiene vínculos en el país y no sabe qué ocurrirá con ella
Sin documentos y con movilidad limitada
Fuentes vive en un complejo de departamentos destinado a hombres deportados. Aunque puede salir, funcionarios les recomendaron evitarlo porque no cuentan con documentos de identidad y podrían tener problemas con la policía
La falta de documentación también les impide trabajar. La Organización Internacional para las Migraciones les proporciona alimentos, mientras los deportados reúnen donaciones para comprar otros productos básicos
Fuentes espera recibir documentos de viaje. Cuba autorizó su regreso mediante un documento de su embajada, pero ella espera poder solicitar asilo en otro país, posiblemente Canadá
Del salón de belleza a la detención migratoria
Fuentes creció en La Lisa, en las afueras de La Habana. Comenzó a vivir como mujer durante la adolescencia y a los 18 años inició un tratamiento hormonal. También administraba un salón de belleza desde su casa
Según relató, sufrió hostigamiento y al menos dos agresiones por su identidad de género. En 2023 vendió su vivienda y salió de Cuba en medio de la crisis económica y la persecución de opositores
Durante su recorrido por Centroamérica se presentó como hombre porque consideraba que era más seguro. Después de pasar siete meses en México, ingresó a Estados Unidos por Texas y luego se trasladó a Miami, donde volvió a expresarse públicamente como mujer
Su vida cambió cuando agentes la encontraron fuera de un motel. Fuentes dijo que había faltado a una audiencia migratoria en Texas y que, pese a pedir el traslado del caso a Florida, no recibió respuesta
Fue detenida y alojada junto con hombres. Según su testimonio, le quitaron la peluca y le entregaron el uniforme de un detenido varón. “Cuando supe que me iban a poner con hombres, casi me desmayo”, contó
Un traslado cuyo destino conoció durante el vuelo
Fuentes estuvo recluida en dos centros de detención en Florida y luego fue trasladada a Texas. Aseguró que no supo que sería enviada a África hasta unas cinco horas después de despegar
Otros deportados dijeron que tampoco conocieron el destino del vuelo antes de subir al avión. Decenas de personas fueron enviadas a República Centroafricana, entre ellas una mujer iraní que enfrentaba persecución en su país y un afgano cuyos hermanos habían trabajado con el ejército estadounidense
Fuentes dijo que no entiende por qué fue enviada a África en lugar de ser repatriada a Cuba y afirmó que no cuenta con un abogado
Una política que alcanza a miles de personas
Estados Unidos deportó a unas 25.000 personas a más de dos docenas de países que no eran los propios, según recuentos de organizaciones especializadas. La mayoría fue enviada a México. El Gobierno estadounidense no difundió cifras ni detalles completos sobre los traslados
Entre enero de 2025 y agosto de 2026, más de 500 personas fueron enviadas a países africanos. Al menos 12 se identificaban como lesbianas, gays, bisexuales o trans y fueron trasladadas a lugares que penalizan las relaciones entre personas del mismo sexo o las demostraciones públicas de afecto
Organizaciones defensoras de los derechos humanos advirtieron que algunos deportados enfrentaron detención, abusos y riesgo de persecución. En Esuatini, algunas personas fueron retenidas en una prisión de máxima seguridad sin cargos. En Guinea Ecuatorial, otras permanecieron contra su voluntad en un hotel perteneciente a la familia del presidente
El Gobierno estadounidense sostiene que la política es legal y que los países receptores garantizan que los deportados no serán perseguidos ni torturados
El temor de volver a ser visible
Fuentes dijo que los hombres cubanos con los que comparte habitación conocen su identidad y la protegen. Aun así, rara vez se siente segura para salir
En una ocasión, empleados de un supermercado señalaron sus senos y al principio se negaron a venderle fruta. También relató que otras personas se burlaron de ella y la señalaron en las calles de Bangui
“Mi apariencia es terrible. Parezco un ser humano diferente”, dijo
La mayor parte de sus días transcurre dentro del complejo, mirando el teléfono y esperando los documentos que podrían permitirle salir del país. “Toda mi vida, toda mi identidad, me fueron arrebatadas”, expresó