Una apuesta genética para recuperar al olmo
En Vermont, un equipo de científicos trabaja con una idea tan simple como ambiciosa: usar la enfermedad que arrasó con millones de olmos para identificar cuáles pueden resistirla y multiplicarlos
Durante el verano, investigadores expusieron 6.000 olmos jóvenes a esporas de la grafiosis del olmo para medir su respuesta. Los ejemplares que sobrevivan pasarán a un programa de cría destinado a ampliar la diversidad genética de árboles tolerantes a esa enfermedad
La meta es que, con el tiempo, esos árboles puedan volver a plantarse en bosques, márgenes de ríos y patios urbanos
La enfermedad que cambió el paisaje
La grafiosis, provocada por un hongo que llegó a Estados Unidos hace casi un siglo y se dispersa mediante escarabajos de la corteza, bloquea la circulación de agua en el árbol hasta dejarlo sin recursos para seguir vivo
Por eso, los grandes olmos que antes dominaban muchas zonas del noreste son hoy mucho menos frecuentes que en generaciones anteriores
Un árbol clave para el agua y el territorio
Más allá de su valor paisajístico, el olmo cumple un papel importante en el funcionamiento de los ecosistemas. Ayuda a regular el agua en zonas húmedas, soporta inundaciones, resiste inviernos severos y puede absorber parte del exceso de lluvia, lo que reduce el riesgo de crecidas dañinas
En un contexto de cambios climáticos y eventos extremos más imprevisibles, recuperar esa función ecológica es una prioridad para los especialistas
También hay una dimensión cultural. En muchas comunidades de Nueva Inglaterra, la ausencia de los grandes olmos dejó una marca profunda en calles, escuelas y hogares
Otra batalla en los bosques
La defensa de los árboles no se limita al olmo. En el sendero de los Apalaches, otro frente intenta sostener a los fresnos afectados por el barrenador esmeralda, un insecto que ha matado millones de ejemplares desde su llegada al país a comienzos de los 2000
En ese caso, se aplicó insecticida a unos 1.400 fresnos en Carolina del Norte, Tennessee, Georgia y Massachusetts desde 2016 para darles una oportunidad de sobrevivir
La diferencia es importante: mientras el esfuerzo por los fresnos busca proteger árboles individuales, el trabajo con los olmos apunta a crear una nueva base genética para la restauración futura
En Montpelier, donde las inundaciones han sido frecuentes, un olmo centenario sigue en pie desde fines del siglo XIX como recordatorio de lo que todavía puede recuperarse. Para quienes trabajan en esta causa, la posibilidad de una nueva generación de olmos resistentes es una señal de esperanza en medio del deterioro de los bosques