Viajar con bebés y niños pequeños puede parecer abrumador: desde el vuelo hasta el equipaje y la seguridad, hay muchos detalles que resolver. Pero con algunas decisiones tomadas de antemano, la experiencia puede ser mucho más manejable
Antes de reservar, mirar la casa y el trayecto
Conviene revisar si el alojamiento ofrece cunas, corralitos y sillas altas. Si el lugar tiene escaleras, balcón o piscina, también vale preguntar por barreras de seguridad. Si no las incluyen, puede ser útil alquilarlas o llevar una versión plegable apta para viajes
En el caso de los bebés, el descanso seguro sigue siendo una prioridad. Los menores de 1 año deben dormir boca arriba, sobre una superficie plana y firme, con una sábana ajustada y sin más elementos en la cuna o el corralito. Además, se recomienda que duerman en la habitación de los padres, aunque no en la misma cama, al menos durante los primeros seis meses
También importa cómo será el traslado desde el aeropuerto. Si habrá auto, taxi o transporte público, eso define si conviene llevar cochecito, silla para el auto o un portabebés. El cochecito y la silla pueden despacharse sin costo en la puerta de embarque en muchos vuelos
En el avión, pensar en seguridad y comodidad
En vuelos largos o internacionales, los padres pueden consultar si la aerolínea dispone de cunas a bordo. Aunque los menores de 2 años pueden viajar en el regazo, la Administración Federal de Aviación de Estados Unidos recomienda usar un sistema de retención propio, como una silla de auto certificada para avión, lo que implica comprarle un asiento al niño
La comida y bebida para bebés y niños pequeños, incluida la leche materna, la fórmula y los purés en envase, se considera líquida médicamente necesaria. Por eso no entra en el límite habitual de líquidos de cabina. Lo mismo aplica a los paquetes fríos para conservarlos. También conviene avisar al personal de control si se llevan estos elementos
Además de snacks, no deberían faltar pañales, toallitas, un cambiador portátil, bolsas para desechar residuos y ropa extra para cambios imprevistos. Para aliviar la presión en los oídos durante despegue y aterrizaje, puede ayudar la succión, ya sea con pecho, mamadera o chupete
Si el niño suele tener infecciones de oído, es recomendable consultarlo antes con el pediatra. Y si el viaje es al exterior, también conviene preguntar qué vacunas pueden estar indicadas
Convertir el viaje en juego
Para entretener a los chicos durante el vuelo, sirven bien las sorpresas pequeñas: juguetes livianos, juegos compactos, mats adhesivos para masa de modelar o juguetes de succión. La clave es llevar opciones simples de usar y fáciles de guardar
Ya en destino, las visitas pueden volverse más interactivas. En un museo de arte, por ejemplo, se les puede proponer que dibujen en un cuaderno o que busquen animales en los cuadros. La idea es darles una misión y transformar la salida en una especie de juego
También puede ser una oportunidad para acercarlos a otras lenguas, comidas y costumbres. Elegir bocados en un mercado, aprender palabras nuevas o descubrir platos típicos puede sumar interés y curiosidad. En muchos destinos hay alojamientos pensados para familias, con piscina o actividades, y varios hostales ofrecen habitaciones privadas para quienes viajan con presupuesto ajustado
Viajar acompañados también ayuda
Sumar abuelos u otros familiares puede aliviar la carga de cuidado y dar a los chicos tiempo especial con ellos. La clave es que todos tengan descansos y no terminen agotados por el ritmo del viaje
Viajar en grupo puede convertir la organización en una ayuda concreta y, al mismo tiempo, hacer que el viaje sea una experiencia compartida para varias generaciones