Con 120 años de historia, Zum Edelweiss sigue siendo uno de los restaurantes más emblemáticos de Buenos Aires. En Libertad 431, a metros de la zona de teatros y tribunales, el local mantiene una identidad que combina cocina clásica, memoria familiar y un flujo constante de clientes famosos y anónimos

Una casa con mística propia

La familia Masciarelli administra el restaurante desde 1980, pero la casa fue fundada en 1905. Nació sobre la calle Cerrito, frente al Teatro Colón, y se mudó a su dirección actual cuando la apertura de la avenida 9 de Julio obligó a reordenar la zona. Desde entonces, no volvió a cambiar de domicilio

Santiago Masciarelli, junto con sus hijos Bruno y Guido, sostiene el funcionamiento de un lugar que se propone como una isla de tiempo detenido. En sus salas pasaron figuras del teatro, la música, la política y el espectáculo, pero también generaciones de familias que volvieron para reencontrarse con una mesa de toda la vida

El legado familiar

La historia empieza con el abuelo de Santiago, que llegó a Buenos Aires desde Italia en tiempos de guerra y migraciones forzadas. Su hijo Domingo primero trabajó como sastre y luego entró en la gastronomía. Santiago se hizo cargo del restaurante con apenas 20 años, y hoy la continuidad quedó en manos de sus hijos

Bruno se incorporó desde muy joven, estudió cocina en el País Vasco y trabajó en restaurantes con estrellas Michelin. Guido, en cambio, llegó después de pasar por publicidad y medios. Ambos coinciden en que el local es más que un negocio: es una forma de vida

La clientela y el ritual

Zum Edelweiss fue y sigue siendo un punto de encuentro para figuras muy distintas. Por sus mesas pasaron Plácido Domingo, China Zorrilla, Joaquín Sabina, Joan Manuel Serrat, Julio Bocca, Susana Giménez, Moria Casán, Mirtha Legrand, Enrique Pinti y Nico Vázquez, entre muchos otros. También lo frecuentaron presidentes, dirigentes políticos y abogados que trabajan en la zona

En la memoria del lugar hay anécdotas de romances, celebraciones, acuerdos y hasta huidas inesperadas en medio de una fiesta de casamiento. La regla, sin embargo, sigue siendo la misma: discreción, buen trato y cuenta para todos. En esa mesa, aclaran en la familia, nadie queda exento de pagar

Una carta que casi no se toca

La cocina mantiene sus clásicos y suma pocas variaciones. El goulash sigue entre los platos obligados, junto con el tartar de lomo, el tartar de salmón, el lomo al champiñón y la tortilla de alcauciles y gruyere. A la vez, la carta incorporó más opciones argentinas y más pescado que en décadas anteriores

La premisa es no borrar lo que los clientes ya conocen. Se agregan alternativas, pero no se eliminan los platos que forman parte de la identidad de la casa

Un restaurante que permanece

La decoración conserva su estilo original, con mejoras pensadas para el confort. Los boxes, las arañas y los cortinados siguen siendo parte del paisaje, igual que la sensación de estar en un lugar donde el tiempo avanza más lento

Zum Edelweiss funciona todos los días, al mediodía y por la noche. Y, para sus dueños, esa continuidad resume su espíritu: un restaurante histórico que no renuncia a su pasado, pero sigue plenamente activo en el presente

Zum Edelweiss · Libertad 431, CABA · Todos los días de 12 a 16 y de 19 a medianoche