Hace cuatro décadas, Augusto Pinochet estuvo a un paso de morir. La tarde del 7 de septiembre de 1986, la caravana en la que regresaba a Santiago fue emboscada en la Cuesta Las Achupallas, en un ataque organizado por el Frente Patriótico Manuel Rodríguez que dejó cinco escoltas muertos y confirmó que el dictador no era intocable
Un regreso previsible
Pinochet volvía cada fin de semana desde El Melocotón, su residencia de descanso en la cordillera, por el mismo trayecto y a la misma hora. Esa rutina facilitó la preparación del operativo. La comitiva salió cerca de las 18:00 con dos motociclistas de Carabineros, cinco vehículos y 21 ocupantes, además de dos móviles de la Central Nacional de Informaciones que seguían a distancia
En el Mercedes-Benz blindado viajaban Pinochet y su nieto Rodrigo García Pinochet, de diez años. El niño había querido ir en otro vehículo de seguridad, pero Lucía Hiriart ordenó que subiera con el general. Esa decisión terminó alterando la ubicación de uno de los escoltas y pudo haber sido decisiva para la supervivencia del dictador
La emboscada en la curva
El ataque llevaba el nombre de Operación siglo XX. Su planificación había comenzado semanas antes y pasó por varias versiones. Primero se pensó en una carga explosiva bajo el camino, pero el plan cambió tras el decomiso de dos toneladas de TNT en el norte del país. Entonces se optó por una emboscada en un tramo estrecho, entre un cerro y una quebrada profunda, sin margen para maniobras
Cuando la avanzada de motocicletas pasó el punto elegido, una camioneta con una casa rodante se cruzó sobre la calzada y cerró el paso. Un escolta que viajaba en la columna reaccionó de inmediato y abrió fuego
Segundos después, una veintena de atacantes respondió con fusiles, lanzacohetes y otras armas. Tres vehículos quedaron volcados y uno cayó al lecho seco del río bajo el puente, donde murieron sus dos ocupantes
Pinochet viajaba en el segundo Mercedes de la caravana, muy parecido al blindado atacado. Esa confusión, sumada a la resistencia del vehículo, fue clave. Un cohete impactó en el techo, las balas perforaron las ventanas sin romper el vidrio y el chofer logró sacar el auto del lugar. Pinochet sufrió solo rasguños en la mano izquierda. Cinco escoltas murieron y once personas quedaron heridas
La imagen del superviviente
Horas después, Pinochet apareció en televisión con la mano vendada. Dijo que había intentado bajar del auto, pero que se cubrió con su nieto. También sostuvo que estaba preparado para morir como soldado. Esa misma noche mostró uno de los vidrios astillados del automóvil y aseguró ver allí una imagen difusa de la Virgen, a la que atribuyó su salvación
En Santiago, la noticia provocó incredulidad y desconcierto. Pero la reacción del régimen llegó de inmediato. Pinochet declaró estado de sitio por 90 días y las fuerzas de seguridad allanaron casas, poblaciones e iglesias. Dos barrios del sur de la capital fueron ocupados por el Ejército y varias figuras opositoras, entre ellas Ricardo Lagos y Germán Correa, fueron detenidas en sus domicilios
La venganza del régimen
La respuesta más grave ocurrió esa misma noche. En un operativo ordenado por la CNI fueron secuestrados y asesinados cuatro opositores que no tenían relación con el atentado: José Carrasco Tapia, Abraham Muskatblit, Gastón Vidaurrázaga y Felipe Rivera. Días después también intentaron matar al abogado Luis Toro. Estos crímenes quedaron registrados como los asesinatos de la venganza
La revista de oposición APSI fue confiscada y varias radios quedaron en manos del régimen. Mientras tanto, los autores del ataque escaparon hacia Santiago convencidos de que Pinochet había muerto. Solo al escuchar la radio supieron que el operativo había fallado
Un golpe al mito de la invulnerabilidad
El atentado no derribó a Pinochet, pero sí erosionó una de sus principales fortalezas: la idea de que era imposible tocarlo. A partir de ese día, el régimen mostró más dureza, aunque el dictador terminaría perdiendo el plebiscito de 1988, dejando el poder en 1990 y permaneciendo como jefe del Ejército hasta 1998
Ese año fue detenido en Londres a pedido de España por violaciones a los derechos humanos. Murió el 10 de diciembre de 2006, a los 91 años
La violencia del régimen también dejó un saldo mayor: durante los 17 años de dictadura, unas 38.000 personas fueron torturadas, desaparecidas o ejecutadas, según los informes oficiales elaborados tras el retorno a la democracia. El atentado de Las Achupallas no cambió ese pasado, pero sí mostró que incluso el poder más duro podía ser alcanzado