El presidente boliviano Rodrigo Paz atraviesa uno de sus momentos más delicados desde que llegó al poder. El escándalo que involucra a su asesor Fernando Cerimedo se sumó a la censura legislativa contra su ministro de Economía, José Gabriel Espinoza, y profundizó la fragilidad de un gobierno que ya lidiaba con una economía golpeada, una Asamblea fragmentada y una creciente conflictividad social

Paz asumió con la promesa de poner fin a dos décadas de hegemonía del Movimiento al Socialismo y de sacar al país de la peor crisis económica en cuatro décadas. Sin embargo, casi diez meses después, sigue enfrentando escasez de dólares y combustible, reservas debilitadas y fuertes desequilibrios fiscales

En ese contexto, su margen político se achicó al punto de complicar decisiones que considera necesarias, aunque sean impopulares

Un golpe político en el peor momento

La controversia por Cerimedo apareció cuando el gobierno ya estaba bajo presión por el rechazo a la eliminación de subsidios a los combustibles, una medida que desencadenó 53 días de protestas y bloqueos entre mayo y junio. El propio Paz había intentado sostener el respaldo a su programa con un discurso en el que describió al país como devastado y defendió la necesidad de medidas duras para evitar un colapso mayor

La crisis se agravó con la censura de Espinoza, aprobada por 91 votos a favor, 34 en contra y cuatro abstenciones, luego de que el funcionario no se presentara a responder preguntas sobre la política económica, monetaria y macroeconómica. Espinoza sostuvo que había viajado a Santa Cruz para atender problemas de suministro de diésel antes de ir a Brasil

El gobierno anunció que recurrirá al Tribunal Constitucional porque entiende que hubo irregularidades en el proceso

Congreso, aliados y desgaste interno

El episodio abrió otro frente de conflicto con un Congreso donde Paz no tiene mayoría propia y del que depende para avanzar con reformas y con el acuerdo de financiamiento negociado con el Fondo Monetario Internacional. Espinoza era una pieza central de ese armado económico, por lo que su eventual salida golpea a un equipo que todavía no logró consolidar un plan estable

La debilidad del presidente también se refleja en su coalición. Perdió apoyo de aliados iniciales, sufrió cambios de gabinete durante la ola de protestas y quedó distanciado de su vicepresidente, Edmand Lara, quien pasó a criticar abiertamente al gobierno y cuestionó el retiro de subsidios. La ruptura dejó expuesta la dificultad de construir una base política sólida después del fin del dominio del MAS

Más incertidumbre que alivio

Para algunos analistas, la salida de Cerimedo podría aliviar tensiones internas porque se trataba de una figura resistida. Pero ese beneficio aparece opacado por el desgaste general que dejan tanto el escándalo como la disputa por Espinoza

En paralelo, el gobierno todavía lidia con otras sombras, incluida la detención del exministro de Hidrocarburos Mauricio Medinaceli por una investigación ligada a combustible de mala calidad

Con ese telón de fondo, el escenario para Paz se volvió más incierto. Entre la presión legislativa, las protestas, la crisis económica y las dudas sobre la transparencia de su gestión, el presidente intenta sostener un rumbo que hoy parece cada vez más condicionado por la falta de respaldo político y por una agenda de urgencias que no deja de crecer