Entre el 22 y el 26 de agosto, Pekín reunió a 600 equipos y más de 2000 robots humanoides de 16 países en la segunda edición de los World Humanoid Robot Games. La competencia dejó dos récords mundiales en los 100 metros y una exhibición cuidadosamente pensada para mostrar capacidad tecnológica
Una puesta en escena con mensaje político
El evento tuvo momentos simbólicos, como el juramento de un robot de Honor durante la ceremonia de apertura, y pruebas en las que varias máquinas corrieron de manera autónoma, sin control humano directo. También hubo tropiezos muy visibles, como el fallido intento de los humanoides de competir en fútbol, que expuso las limitaciones todavía evidentes de esta tecnología
Más allá del espectáculo, la competencia encaja en una secuencia política e industrial más amplia: la promoción de las “nuevas fuerzas productivas de calidad”, el impulso oficial a la producción masiva de humanoides y la incorporación de la llamada “inteligencia encarnada” al discurso gubernamental
Un sector en expansión, pero todavía inmaduro
China ya concentra el 87 % de los robots humanoides entregados en el mundo en 2025. Agibot y Unitree, por sí solas, representan dos tercios de la producción global, muy por delante de las firmas estadounidenses. Barclays proyecta que el país podría desplegar 24 millones de unidades para 2035, frente a 4,4 millones del resto del mundo
Ese desarrollo aparece ligado a una economía que necesita amortiguar la falta de trabajadores. La población china cayó por cuarto año consecutivo en 2025, hasta 1405 millones de habitantes, con una natalidad de 7,92 millones de nacimientos y 11,31 millones de muertes. La tasa de fecundidad rondó los 0,8 hijos por mujer
En el mercado laboral, el desempleo urbano global se mantuvo en torno del 5 % en el primer semestre de 2026, pero el cuadro juvenil es más duro: en junio, la desocupación entre los 16 y 24 años, sin contar estudiantes, llegó al 14,9 %
Autonomía limitada, ambición enorme
La mayoría de las pruebas se diseñó para premiar la autonomía y castigar la teleoperación, pero aún hay límites importantes. No se evalúan con rigor aspectos como subir escaleras, moverse en terrenos irregulares, durar más tiempo con batería o seguir instrucciones complejas sin supervisión
En tareas reales, como transportar cajas, la eficiencia de los humanoides sigue siendo baja: no supera el 40 % de la de un obrero. Por ahora, el Estado es el principal cliente de estas máquinas, que a menudo cumplen funciones decorativas en actos oficiales
La selección de pruebas también revela qué empleos interesa automatizar: carga de vehículos eléctricos, servicio de mesa, ensamblaje, albañilería, apilado, desembalaje y conexión de cables. Son actividades vinculadas al comercio, la restauración, el almacenamiento y la hotelería
Robots, datos y poder
La competencia por los humanoides se cruza con otra más decisiva: la disputa por la inteligencia artificial. Alibaba, Tencent y ByteDance compiten con nuevos actores como DeepSeek, mientras China intenta reducir su dependencia de los semiconductores estadounidenses
En ese contexto, los humanoides aparecen como una vitrina del poder tecnológico chino y, al mismo tiempo, como una respuesta a tensiones de fondo: menos nacimientos, menos mano de obra y más presión por automatizar. El mensaje final es claro: exhibir velocidad e innovación mientras se gana tiempo en una batalla mucho más profunda por los chips, los modelos de IA y sus usos militares