WASHINGTON.– La democracia no solo depende de las instituciones, sino también de la disposición de ciudadanos, abogados, periodistas, académicos y empresas a defenderlas cuando están bajo presión
La reflexión surge de conversaciones con dos activistas de Medio Oriente que asumieron riesgos personales para reclamar elecciones libres: la yemení Tawakkol Karman y el palestino Samer Sinijlawi
El miedo como herramienta de control
Karman, primera mujer árabe y primera yemení en recibir el Premio Nobel de la Paz, tuvo un papel central en las protestas pacíficas de 2011 en Yemen. Aquellas movilizaciones exigían democracia, derechos para las mujeres y libertad de expresión, y contribuyeron a la salida de Ali Abdullah Saleh, quien gobernó Yemen del Norte desde 1978 y el país unificado entre 1990 y 2012
Desde su experiencia frente a una dictadura, Karman observa con preocupación las señales que aparecen cuando un jefe de Estado desacredita a la prensa, desatiende el Estado de derecho y convierte las instituciones en herramientas personales o familiares
Según la activista, el deterioro comienza cuando las personas empiezan a preguntarse qué consecuencias podrían sufrir por expresar una opinión o cumplir con su deber. Ese temor, sostiene, lleva a periodistas, profesores, abogados y estudiantes a autocensurarse y permite que el poder controle el debate público
Karman también cuestiona la pasividad de sectores estadounidenses que, según su interpretación, cedieron ante las exigencias políticas del presidente Donald Trump. Al mismo tiempo, conserva una mirada esperanzada: durante una visita a Dakota del Norte encontró una buena recepción entre ciudadanos conservadores y afirmó que la división social puede ser alimentada por discursos de odio
La experiencia yemení
Karman y el autor de la reflexión se conocieron en Saná en 2013, durante un proceso de diálogo nacional en el que participaron partidos nuevos, jóvenes, mujeres, islamistas, tribus y representantes del norte y del sur del país
El objetivo era redactar una nueva Constitución y preparar elecciones presidenciales. Sin embargo, el proceso se derrumbó en septiembre de 2014, cuando el movimiento hutí tomó Saná con el respaldo de Irán y la alianza de fuerzas leales a Saleh. La ofensiva sumergió a Yemen en una guerra civil que todavía no ha terminado
Actualmente, Karman promueve la democracia a través de su fundación y trabaja con sus seguidores para recuperar la soberanía yemení. Considera que el control del estrecho de Bab el-Mandeb por parte de Irán, mediante la milicia hutí, sumado a su influencia sobre Ormuz, tendría consecuencias graves para la seguridad internacional y el comercio marítimo
Elecciones palestinas y salida negociada
Desde Atenas, Samer Sinijlawi transmitió una advertencia similar. El activista palestino de Jerusalén Este dirige Masar Jadid, uno de los partidos que buscaban competir por bancas en el Consejo Legislativo Palestino
En ese momento estaban previstas tres elecciones relevantes para la región: los comicios israelíes del 27 de octubre, las elecciones estadounidenses del 3 de noviembre y las legislativas de la Autoridad Palestina del 28 de noviembre. Estas últimas serían las primeras de su tipo desde enero de 2006, aunque sectores vinculados con la dirigencia palestina impulsaban una nueva postergación
Al menos siete partidos habían presentado listas para las 132 bancas del Consejo. Sinijlawi sostiene que una representación palestina legítima y elegida libremente es indispensable para construir un interlocutor capaz de negociar una solución de dos Estados
El dirigente considera que las demoras electorales fortalecieron a Hamas y alimentaron la idea de que el cambio no puede alcanzarse mediante vías pacíficas. Frente al cierre de las urnas, advierte, los extremistas ofrecen alternativas basadas en las armas, la violencia y promesas falsas
Su agrupación propone un Estado palestino desmilitarizado, una integración económica regional y un acuerdo de dos Estados que combine libertad y dignidad para los palestinos con seguridad para los israelíes. Según Sinijlawi, el espacio reúne a mujeres, estudiantes, profesionales, académicos, empresarios y jóvenes de Gaza que viven en campamentos
Persuadir en lugar de imponer
Sinijlawi, palestino de Jerusalén Este, habla árabe y hebreo. Aprendió buena parte de este último idioma durante los cinco años que permaneció en una prisión israelí tras ser detenido como adolescente durante la Primera Intifada
Su propuesta parte de una convicción: si los israelíes creen que pueden vivir seguros junto a un Estado palestino, muchos optarían por un Israel más pequeño, democrático y judío antes que por un territorio mayor condenado a perder su carácter democrático y a vivir en conflicto permanente
Para alcanzar ese objetivo, sostiene, no sirve presionar a la sociedad israelí, sino persuadirla. También reclama que los palestinos abandonen la disputa sobre quién tiene derecho exclusivo a la tierra y se concentren en construir una forma de convivencia compartida
La alternativa de una guerra permanente
Entre el río Jordán y el mar Mediterráneo viven más de siete millones de judíos y más de siete millones de palestinos. Ninguno de los dos pueblos parece dispuesto a abandonar esa tierra, por lo que la solución de dos Estados aparece como la única salida viable, aunque su concreción pueda demorar
La reflexión cuestiona, además, la estrategia atribuida al primer ministro Benjamin Netanyahu de fortalecer durante años a Hamas en Gaza para mantenerlo separado de los palestinos moderados de Cisjordania y Jerusalén Este, vinculados con los acuerdos de Oslo
Un liderazgo palestino unificado, legítimo y no corrupto aumentaría la presión internacional sobre Israel para negociar una solución de dos Estados. Mientras ese escenario no llegue, la alternativa, advierte el texto, es una guerra sin final
Las historias de Karman y Sinijlawi plantean una conclusión común: defender la democracia exige algo más que consignas o publicaciones en redes sociales. También implica asumir riesgos, participar, exigir elecciones y colocar la lealtad a las instituciones por encima de la obediencia a una sola persona