Jazmín Agulla tiene 23 años y construye un recorrido que reúne la moda, la dirección de arte, la música y sus estudios de Comunicación. Su casa familiar, que comparte con su madre Delfina Vázquez Maiztegui y sus hermanos Silvestre y Santino, es uno de los espacios centrales de su vida

Está cerca de terminar la carrera y consolidó su trabajo como modelo. Recuerda que, cuando comenzó a estudiar a los 19 años, alternaba los exámenes con producciones de fotos: podía salir de una clase con un bolso para cambiarse o llegar maquillada y con un peinado llamativo

Su ingreso a una agencia estuvo marcado por sus propias condiciones. Desde entonces busca construir una imagen personal honesta y genuina, incluso en un ambiente atravesado por la competencia, la exposición y la presión por seguir tendencias

Elegir sus propios límites

Agulla afirma que aprendió a decidir qué prendas usar, con qué marcas trabajar y qué propuestas son coherentes con sus valores. Para evaluar una tendencia, se pregunta si la elegiría de todos modos aunque no estuviera de moda

También dejó de colaborar con marcas importantes cuando sintió que no representaban su esencia. Para ella, rechazar ciertas propuestas es una manera de conservar el control sobre su vida y construir su libertad

Un EP nacido de la guitarra

La música formó parte de su hogar desde siempre. El año pasado retomó la guitarra y comenzó a escribir canciones durante una etapa de reencuentro personal. Más tarde ingresó a un estudio junto con productores y artistas y grabó un EP de tres temas

Describe esas canciones como divertidas y vinculadas con un proceso de menor autoexigencia. El proyecto musical reúne varios de sus intereses y representa una nueva forma de expresarse

La presencia de Ramiro Agulla

Hace unos meses murió su padre, el publicista Ramiro Agulla. Jazmín cuenta que lo encuentra en los gestos de sus hermanos, en su madre, en ciertas canciones y en escenas comunes de la vida diaria

Entre los recuerdos conserva sus cuentos, su humor y una mirada creativa sobre el mundo. También le escribe cartas y recurre a un sweater gris de cashmere que perteneció a él cuando necesita sentirse cerca

La enseñanza que más valora es la posibilidad de divertirse, no tomarse todo demasiado en serio y encontrar un costado lúdico en las situaciones cotidianas

Un vestidor como archivo familiar

Su vestidor reúne pañuelos de su padre, polleras de su abuela paterna, enaguas de su abuela materna y prendas de su madre. A esa colección suma piezas encontradas en ferias americanas y locales vintage

En redes sociales presenta ese universo visual como una pequeña boutique, aunque reconoce que su vida fuera de cámara es menos ordenada y más cotidiana. Le gusta caminar por Buenos Aires, observar las fachadas, los perros y las conversaciones de la calle

Al mirar su presente, identifica la sensibilidad como uno de sus rasgos principales. Dice sentirse agradecida por su familia, por su relación con Salvador Irusta y por un futuro que imagina con ilusión. Su conclusión es clara: elige vivir el presente, incluso con sus imperfecciones