Durante décadas, Cuba habría enviado combatientes y asesores a distintos países de América Latina y del mundo con el objetivo de exportar su proyecto revolucionario. Esa estrategia, según el texto, buscó debilitar gobiernos elegidos en las urnas y reemplazarlos por regímenes autoritarios
Los primeros intentos de expansión
En abril de 1959, apenas iniciado el proceso revolucionario, el gobierno cubano habría impulsado una operación para desestabilizar Panamá y confrontar a Estados Unidos en la zona del Canal. Unos 97 cubanos viajaron en el barco Mayarí con armas, chalecos y equipos de radio, pero la misión terminó con su captura, humillación y posterior deportación a La Habana
Dos meses después, en junio de 1959, se habría repetido el intento en República Dominicana, esta vez contra la dictadura de Rafael Trujillo. La operación fracasó y dejó más de 200 militantes comunistas muertos. En mayo de ese mismo año, también se habría intentado derribar a Anastasio Somoza en Nicaragua
Haití y Colombia en la mira
En agosto de 1959, la ofensiva se extendió a Haití, donde la incursión habría terminado en una nueva derrota y con la muerte de casi todos los enviados. El balance de ese primer año, según el texto, fue el envío de centenares de jóvenes a cuatro países soberanos
A comienzos de 1960, Cuba habría apoyado, entrenado y protegido movimientos insurgentes en Colombia, entre ellos las FARC, el ELN y luego el M-19, organización en la que participó el presidente Gustavo Petro. Con ello, la isla habría consolidado un sistema de envío de cuadros armados y operadores políticos
La proyección en África
Tras varios fracasos en América Latina, en 1963 Fidel Castro y el Che Guevara habrían abierto operaciones en Argelia y en una docena de países africanos. Guevara aparece descrito como una figura central en la tarea de “encender la llama revolucionaria” en ese continente
Ese mismo año, Cuba habría establecido de forma irregular el servicio militar obligatorio y enviado a miles de jóvenes a combates en África. Angola se presenta como el primer gran éxito de ese modelo, especialmente tras la independencia lograda en 1975 con la Operación Carlota
El giro venezolano
En 1967, el texto sitúa el primer gran intento cubano sobre Venezuela, con foco en el petróleo y con apoyo a grupos guerrilleros mediante la operación Machurucuto. La ofensiva habría sido derrotada
El cambio definitivo, siempre según esta versión, llegó en 2000 con la alianza de seguridad suscrita con Hugo Chávez. Desde entonces, se estima que alrededor de 23 mil mercenarios, asesores de inteligencia y presuntos médicos habrían operado de forma rotativa en Venezuela
Un legado de control y desgaste
El texto sostiene que la legislación cubana prohíbe el uso de mercenarios y cita el artículo 135 del nuevo Código Penal, que contempla penas de 20 a 30 años, cadena perpetua e incluso la pena de muerte para quienes participen en actividades militares en el extranjero en beneficio personal
También presenta al Foro de Sao Paulo y al Grupo de Puebla como expresiones más moderadas de ese modelo de intervención regional. Al cierre, el texto afirma que el legado de Fidel Castro estuvo marcado por la violencia política, la tortura, el robo y el terrorismo organizado dentro y fuera de Cuba