Argentina parece atravesada por dos soledades que no se encuentran: la del Presidente, encerrado en su propio círculo de poder, y la de una sociedad que enfrenta sus problemas cotidianos sin respuestas claras

Un vínculo que se fue vaciando

Hubo un tiempo en que una parte amplia de la sociedad sostuvo su apoyo al Presidente incluso en medio del desgaste. Pero, casi tres años después, ese respaldo convive con decepción, malestar y una sensación creciente de abandono

La distancia no es solo política. También se expresa en la falta de empatía, en la escasa reacción frente a los conflictos sociales y en una dirigencia que sigue instalada en privilegios y lógicas de siempre

Señales de alarma en la vida cotidiana

El deterioro alcanza a sectores muy distintos. La comunidad científica pierde recursos y profesionales formados durante años en universidades públicas, empujados a irse del país o a aceptar empleos ajenos a su especialización

En paralelo, la salud mental aparece como una urgencia. Un relevamiento sobre política criminal indica que el suicidio supera por cuatro veces la tasa de homicidios dolosos, con una marca histórica de 11,8 cada 100 mil habitantes. El fenómeno golpea sobre todo a jóvenes y adultos de entre 15 y 34 años

También crece el endeudamiento familiar. Casi la mitad de la población convive con algún nivel de deuda, ya sea bancaria, con billeteras virtuales o con prestamistas informales. La respuesta oficial, lejos de contener la crisis, suele reducir el problema a una decisión privada

La política intenta recomponerse

En medio de ese escenario, la dirigencia empieza a moverse. En el peronismo hubo un encuentro con presencia de Axel Kicillof, Máximo Kirchner y Sergio Massa, con distribución de tareas y señales de coordinación

Al mismo tiempo, Mauricio Macri se reunió con Karina Milei en un intento de abrir una negociación, aunque sin condiciones claras por parte del oficialismo

El fondo del problema sigue siendo el mismo: cómo reconstruir una representación capaz de volver a conectar con una sociedad cansada, endeudada y sin horizonte. Si esa distancia no se revierte, el costo político y social seguirá creciendo