Manuel Cortés Quero fue alcalde socialista de Mijas, un pueblo de Andalucía, durante unos pocos meses de 1936. Después de la Guerra Civil, regresó en 1939 a su localidad, pero temía ser fusilado por las fuerzas franquistas debido a su pasado como autoridad elegida democráticamente
Junto con su esposa construyó un escondite rudimentario dentro de su propia casa. Allí permaneció oculto durante tres décadas, hasta que el 28 de marzo de 1969 escuchó por radio que el decreto-ley 10/1969 declaraba prescriptos los delitos cometidos antes del 1° de abril de 1939
El llamado “topo de Mijas” pasó treinta años sin salir al exterior. Su historia inspiró La trinchera infinita, la película dirigida por Arregi, Garaño y Goenaga y protagonizada por Antonio de la Torre
La película puede vincularse con Goodbye, Lenin!. En la producción alemana, un hijo intenta proteger a su madre, una socialista ferviente y admiradora de Erich Honecker, ocultándole la caída del Muro de Berlín y los cambios provocados por el capitalismo
El caso español tiene una diferencia decisiva: el encierro modificó las convicciones de Cortés Quero. Cuando recuperó la libertad, afirmó: “Al menos para mí, la guerra ha terminado”
El kirchnerismo parece moverse entre esas dos historias. Axel Kicillof abandona ocasionalmente su refugio bonaerense para asomarse al escenario federal, pero hasta ahora no logró presentar una música política verdaderamente nueva
El gobernador repite buena parte del repertorio del cristinismo tardío: soberanía, distribución de la riqueza, patria, derechos y Estado. Cambia el intérprete, pero permanecen las consignas y las propuestas. En ese terreno, Cristina Kirchner conserva una ventaja evidente
Con cautela, Kicillof reconstruye el relato que su exjefa sostuvo en Plaza de Mayo el 9 de diciembre de 2015. Por ahora, su figura aparece como una versión renovada apenas en la superficie de la llamada década ganada
Máximo Kirchner ocupa otro vértice de la interna. Como Alex, el hijo de Goodbye, Lenin!, procura administrar la información que llega a su madre. Presenta lo que ocurre en San José 1111 como una representación completa de una Argentina popular que todavía espera el regreso electoral de su principal referente
El diputado actúa como si el país pudiera resumirse en esa esquina. Sin embargo, conoce sus límites políticos y sociales, y busca trasladárselos también al gobernador bonaerense
El problema central es el anacronismo. El kirchnerismo intenta llevar al presente actores, demandas, símbolos y respuestas pertenecientes a otra etapa histórica. El objetivo inmediato parece ser recuperar una relación de fuerzas que ya desapareció, imponerse en la disputa interna del peronismo bonaerense y recién después volver a interpelar al resto del país
Para conservar una identidad política no alcanza con repetirla. También es necesario actualizar sus instrumentos. La igualdad y la justicia social pueden seguir siendo valores centrales, pero requieren políticas públicas acordes con el tiempo presente
En cambio, el kirchnerismo mantiene un programa aferrado al modelo productivo asociado al país gelbardiano, ya sea por convicción o por incapacidad para reformularlo. Esa fórmula todavía encuentra eco en barrios del conurbano marcados por antiguas fábricas, donde el óxido funciona como memoria y también como promesa
Mientras tanto, nuevas formas de inversión y desarrollo tecnológico avanzan cerca de ese territorio. La política contemporánea castiga la lentitud, especialmente cuando está acompañada por la melancolía
El kirchnerismo no consigue construir un relato que una las urgencias cotidianas con los grandes cambios del futuro. No logra hablarle al repartidor que trabaja a contrarreloj ni al camionero que observa cómo la automatización transforma las rutas en China
De proyecto de poder pasó a sostener dos proyectos de resistencia, atravesados también por disputas personales. La trinchera sigue abierta, pero cada vez resulta más difícil convencer al presente de que debe regresar al pasado