Cada cuatro años, la Argentina se transforma. El fútbol deja de ser un deporte para convertirse en una cuestión identitaria. No importa cuántos habitantes tenga Brasil, cuánto dinero invierta Inglaterra en sus canteras o cuán dominante sea la liga española. Los argentinos quieren competir. Quieren medirse con los mejores. Y creen, con una convicción que pocas sociedades poseen, que merecen ser campeones del mundo
Pero hay un campeonato que todavía no nos animamos a disputar: el de la economía del conocimiento. Y en ese torneo, la Argentina lleva décadas jugando en segunda categoría
La paradoja de un país que produce conocimiento y no lo patenta
La Argentina cuenta con científicos de excelencia, emprendedores capaces de crear empresas globales y centros de investigación reconocidos en todo el mundo. Sin embargo, el país sigue debatiendo si debe integrarse al Patent Cooperation Treaty (PCT), el principal sistema internacional de patentes, administrado por la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual y utilizado por 158 naciones
El tema se discute en el Congreso. Puede parecer un asunto técnico, algo que compete solo a abogados especializados. Pero no lo es. El debate trasciende las patentes. Plantea una pregunta mucho más profunda: ¿la Argentina quiere competir en el campeonato económico y productivo más importante del siglo XXI, o seguirá observándolo desde la tribuna?
La biotecnología como caso emblemático
Adriana de Siervi, investigadora principal del Conicet y directora del Laboratorio de Oncología Molecular del Ibyme, conoce el problema desde adentro. En 2020 cofundó la empresa de biotecnología Oncoliq, que desarrolla una biopsia líquida para detectar cáncer de mama en etapas tempranas con una muestra de sangre
Cuando necesitó proteger esa innovación, presentó la solicitud de patente en Estados Unidos a través del PCT. Lo hizo con su ciudadanía italiana, porque la legislación argentina no se lo permitía de otra manera
«La solicitud PCT otorga una reserva por 30 meses en 158 países a la vez», explica la bióloga molecular. «Además, recibimos un informe de expertos que validó nuestra tecnología a nivel global y nos hizo recomendaciones para presentar la solicitud definitiva en Estados Unidos y Europa, nuestros mercados prioritarios. Fue fundamental para atraer inversores y conseguir cuatro millones de dólares de capital semilla»
La paradoja es clara: el conocimiento se genera en la Argentina, mayormente con fondos del Estado. Pero las limitaciones legislativas obligan a los científicos a solicitar patentes con la camiseta de otro país
El sistema actual: más caro, más lento y más incierto
El Conicet recurre a Inis Biotech, la empresa de tecnología que el Instituto Leloir tiene en Delaware, Estados Unidos, para presentar solicitudes PCT. Los laboratorios farmacéuticos argentinos hacen lo mismo a través de sus filiales extranjeras
¿Por qué? Porque el sistema PCT es más simple y económico: con una única solicitud se protege el invento en el 95% del planeta y se obtienen 30 meses para presentar la documentación definitiva
El sistema argentino, en cambio, brinda cobertura solo local y otorga 12 meses para presentar la documentación. Quien quiera proteger la innovación en otros países debe realizar cada solicitud por separado. Para una startup de base tecnológica, esa diferencia puede significar la vida o la muerte comercial
Es importante aclarar que el PCT no otorga patentes ni crea una patente mundial. Eso no existe. La patente definitiva la concederá o denegará la autoridad correspondiente de cada país donde el interesado decida proteger y comercializar el producto. En la Argentina, el Instituto Nacional de la Propiedad Industrial (INPI) seguirá teniendo esa potestad. No hay pérdida de soberanía
La trampa del Capítulo II
El proyecto de ley que analiza la Cámara de Diputados obtuvo dictamen para su tratamiento con una modificación: adherir al PCT dejando en reserva el Capítulo II, es decir, excluyendo el examen preliminar internacional, un análisis no vinculante de patentabilidad y producción industrial
La cámara de laboratorios farmacéuticos argentinos pidió esta reserva argumentando que busca «resguardar el interés público y limitar los efectos adversos sobre la competencia». Señaló que Estados Unidos, Suiza, Francia, Luxemburgo, Dinamarca, Noruega, Liechtenstein, Corea del Sur, España, Grecia y Uruguay inicialmente hicieron uso de esta reserva
Lo que no mencionó es que esos países lo hicieron hace casi medio siglo, cuando el PCT daba sus primeros pasos. El único país que mantiene la reserva del Capítulo II es Uruguay, que ingresó el año pasado al tratado con la misma modificación que propone la cámara farmacéutica
En América Latina, solo la Argentina, Bolivia y Paraguay están fuera del PCT. Todos ellos, igual que Uruguay, son mercados donde los laboratorios argentinos tienen mayor influencia
La posición del Conicet
Gustavo Schotz, gerente de vinculación tecnológica del Conicet, afirma que la modificación sería perjudicial para la institución y sus investigadores. «Sin ese reporte perdemos una de las grandes ventajas del PCT», advierte
«Nuestra negociación con un inversor, con un empresario, es mucho más débil. Además, uno puede especificar qué oficina quiere que emita el reporte, vía Estados Unidos o vía Europa
Cuanto más sólida es la oficina que emite, más valor tiene»
Schotz, doctor en derecho especializado en propiedad intelectual, califica la modificación como una medida dilatoria. «En innovación el tiempo es oro. El que llega tarde pierde»
Si el proyecto se aprueba en Diputados con este cambio, deberá volver al Senado, donde obtuvo media sanción en 1998. Por tratarse de un tratado internacional, nunca perdió estado parlamentario. La adhesión al PCT podría quedar trabada una vez más en los pasillos del Congreso
Más allá de las farmacéuticas: una cuestión estratégica
Desde hace medio siglo, la adhesión al PCT ha sido tratada como una puja de intereses entre laboratorios farmacéuticos nacionales y extranjeros. Y esa es una parte de la discusión. Pero la cuestión de fondo es otra, mucho más estratégica
¿La Argentina quiere seguir siendo un país periférico, productor principalmente de materias primas, o quiere dar un salto en su desarrollo industrial como protagonista de la economía de la innovación? Esa economía involucra a todos los sectores productivos, no solo a la industria farmacéutica
En este siglo, la riqueza de las naciones ya no se mide en barriles de crudo o toneladas de soja. Se mide por la fortaleza de los sistemas científico-tecnológicos y por la capacidad de transformar conocimiento nuevo en propiedad intelectual, innovación industrial y bienes y servicios de alto valor para el mundo
La Argentina tiene ventajas enormes: Vaca Muerta, una de las mayores reservas de hidrocarburos no convencionales del mundo, y una de las regiones agrícolas más productivas del planeta. Energía y alimentos seguirán siendo pilares fundamentales de la economía
Pero la competencia decisiva ya no se libra en los mercados de petróleo, granos o acero. Se libra en los laboratorios, las universidades y las empresas tecnológicas
El ejemplo chino y la brecha argentina
La disputa entre Donald Trump y Xi Jinping refleja este paradigma global. China ya no es la maquila barata de las multinacionales extranjeras. Es líder en innovación y disputa el liderazgo político y económico mundial porque antes comprendió que debía ganar el liderazgo científico-tecnológico a Estados Unidos
China es el país que más patentes solicita cada año: 1.800.000 en 2024, contra 502.000 de Estados Unidos. La Argentina apenas registra 3.500, pero solo 1.000 pertenecen a empresas o ciudadanos argentinos. El resto son de compañías internacionales
La Argentina es el único país en América Latina con tres Premios Nobel en Ciencia. Produce conocimiento, pero patenta poco. Existe escasa vocación por convertir investigación científica en propiedad intelectual, empresas de base tecnológica, trabajo y riqueza económica
En el Índice Global de Innovación, el país figura en el puesto 79, detrás de Chile, Brasil, México, Uruguay, Costa Rica, Colombia y Perú
El Mundial que ya estamos jugando
Los investigadores argentinos ya juegan el Mundial de la ciencia. Publican en las mejores revistas, trabajan en redes internacionales y desarrollan tecnologías de frontera. Lo hacen con el mismo talento con que los futbolistas disputan la Copa del Mundo
La diferencia es que, mientras en el fútbol se entendió hace tiempo que competir con los mejores fortalece, en innovación todavía subsisten voces que consideran más seguro permanecer al margen
Adherir al PCT no resolverá, por sí solo, los problemas de la ciencia argentina. No reemplazará la baja inversión en investigación, los problemas en la educación básica, la falta de capital emprendedor y políticas de largo plazo. Pero puede ser un primer paso, simbólico y concreto, para dejar atrás una lógica defensiva que ya no se corresponde con el mundo en que vivimos
Porque ningún país se convierte en campeón mirando el Mundial desde la tribuna