A 32 meses del inicio del programa económico, el balance es incómodo: la inflación bajó con fuerza respecto del arranque, pero la actividad no logró consolidar una recuperación. El resultado no es una victoria parcial ni un tropiezo aislado, sino una economía detenida en un punto intermedio
En julio, el índice de precios al consumidor subió 2,1% mensual, el primer aumento después de cuatro meses de desaceleración, y la variación interanual llegó a 33,8%. Al mismo tiempo, la producción sigue sin encontrar un rumbo firme. El panorama combina desinflación con estancamiento, una mezcla que deja al programa sin el impulso que necesita para validar su propio diagnóstico
Una actividad que no termina de reaccionar
Los indicadores de actividad muestran un comportamiento errático. El EMAE se mueve sin tendencia clara y el índice líder de la UTDT se mantiene desde marzo en una zona que señala alta probabilidad de recesión. La construcción sigue muy por debajo de los niveles previos al ajuste: cayó 39% en el primer semestre de 2024 y, dos años más tarde, apenas recuperó entre 9% y 11% de lo perdido
El deterioro también se ve en el empleo. El sector perdió 15% de sus puestos y una de cada once empresas cerró. En la economía en su conjunto, hoy hay 241.000 asalariados privados formales menos que al comienzo del plan
El golpe más visible está en las familias
La señal más dura no aparece en las series de actividad, sino en la morosidad. Según el Banco Central, la mora del crédito a personas alcanzó 16,3% en junio, más de cuatro veces el nivel de comienzos de 2024. En el financiamiento no bancario, que incluye fintechs y cuotas comerciales, el atraso llega a 33%
Entre los menores de 30 años, la mora sube a 43%. En términos concretos, casi 6 millones de personas están en atraso. Detrás de ese dato hay consumo postergado, cuotas que dejaron de pagarse y un ingreso que ya no alcanza para sostener el nivel de gasto previo
Inflación moderada, problema persistente
El Gobierno resolvió el salto inflacionario más agudo, pero eso no significa que haya cerrado el proceso. La economía quedó en una franja de inflación moderada, un terreno más difícil de abandonar que el desorden inicial. Bajar desde niveles de tres dígitos exige un ancla creíble; pasar de una inflación moderada a una baja demanda tiempo, coordinación y capacidad política
La comparación histórica refuerza esa idea. En el mes 32 de la Convertibilidad, la inflación mensual era de 0,1%. En el mismo punto de su programa, la Argentina actual sigue en 2,1% mensual. El contraste no es solo numérico: muestra que la segunda etapa de la estabilización sigue abierta
Más apertura, pero con un mundo menos favorable
La estrategia también enfrenta un contexto externo más hostil. Mientras el Gobierno avanza con una fuerte apertura comercial, baja aranceles y elimina trabas a las importaciones, otras economías levantan barreras. En julio, Estados Unidos aplicó un arancel general de 10% a la Argentina y elevó a 50% los gravámenes sobre acero y aluminio
El salto exportador, empujado sobre todo por la energía, es real. Pero convive con un tipo de cambio real que todavía se ubica 20% por debajo del nivel que el FMI consideró de equilibrio. Eso mejora la foto financiera, pero presiona sobre la industria, las pymes exportadoras y el empleo manufacturero
Reservas más altas, fragilidad intacta
Las reservas brutas del Banco Central superaron a mediados de agosto los USD 50.000 millones, el nivel más alto en casi siete años. Sin embargo, las reservas netas siguen en rojo, con unos USD 4.400 millones negativos. La mejora en la disponibilidad bruta de divisas no elimina la dependencia ni resuelve la debilidad de fondo
La tensión de fondo es simple: la economía muestra menos inflación que antes, pero no suficiente crecimiento para sostener un cambio de régimen. El motor arrancó, pero el vehículo sigue sin salir de punto muerto. La discusión ya no pasa por celebrar la estabilización inicial, sino por saber si todavía existe margen político para completar la tarea