Desde 2024, la movilidad jubilatoria se calcula con una sola variable: la variación mensual del IPC de dos meses atrás. La regla, fijada por el Decreto 274/2024, no distingue por monto del haber ni establece un piso mínimo de actualización
En el haber máximo, esa mecánica deja un dato claro. Luego de un pico de $86.484 en mayo, el aumento mensual se movió entre $52.663 y $68.245. Con el IPC de julio, que fue de 2,11%, el impacto en septiembre será de $59.312, por encima del ajuste de agosto
Un ajuste que se achica cuando baja la inflación
La fórmula muestra una relación directa: cuanto menor es la inflación, menor es el aumento en pesos. Aplicada al tope del sistema, la actualización se expresa con números altos y, por eso, permite ver mejor el comportamiento del mecanismo. En un haber inferior, la lógica es la misma, pero con montos proporcionalmente más bajos
La consecuencia más relevante es matemática. Si la inflación llegara a cero, el aumento también sería cero. No hay en el decreto una cláusula que garantice una suba mínima cuando el índice de referencia se aproxima a ese punto
El borde constitucional del sistema
El artículo 14 bis de la Constitución establece que las jubilaciones y pensiones deben ser móviles. Esa garantía no queda supeditada al nivel futuro de la inflación. Por eso, una fórmula cuyo resultado puede ser nulo abre una tensión evidente: en un escenario de inflación cero, la movilidad desaparece
Además, el mecanismo no fue creado por una ley del Congreso, aunque el artículo 75, inciso 12, reserva esa materia al Poder Legislativo. Se lo instrumentó por decreto, bajo la excepción del artículo 99, inciso 3, pensada para casos en los que no puede seguirse el trámite ordinario
La discusión de fondo sigue abierta
El propio decreto reconoció que el esquema anterior había producido resultados muy negativos para los jubilados y citó el criterio de la Corte Suprema sobre la necesidad de una relación razonable entre la movilidad y el nivel de vida que busca proteger
Más de dos años después, la discusión sigue en el mismo punto: una movilidad atada a una sola variable, sin piso y fijada por decreto, puede funcionar bien mientras la inflación exista. Pero si esa variable llega a cero, el sistema deja de moverse