Un diagnóstico que no admite demoras
La política educativa debería servir para resolver problemas estructurales que ni las familias, ni las escuelas, ni los docentes pueden encarar por sí solos. Bajo esa premisa, el balance de las últimas décadas en la Argentina resulta severo: los aprendizajes son bajos y la desigualdad escolar se profundiza
Los datos lo muestran con crudeza. El 54,9% de los alumnos de 3er grado no alcanza el nivel de lectura esperado para su edad. En el último año de secundaria, el 43,1% está por debajo del nivel satisfactorio en lectura y el 82,3% en matemáticas. La situación empeora en las escuelas estatales y en los sectores de menores ingresos
Las pruebas internacionales también ubican al país en una posición desfavorable. En comprensión lectora, los resultados de PISA 2022 dejan a la Argentina por detrás de varios países de la región. A eso se suman la centralización del sistema, la burocracia, los bajos incentivos para capacitarse y una carrera docente que premia sobre todo la antigüedad
Más autonomía, más exigencia
En ese marco, un nuevo proyecto de ley busca empezar a revertir el cuadro. La iniciativa propone que los equipos directivos participen en la selección de docentes y en la administración del presupuesto escolar. También habilita a las escuelas públicas a definir su propio calendario y proyecto institucional según su contexto
El texto incorpora además el fortalecimiento de las evaluaciones censales y muestrales, con acceso público a los resultados, y la creación de consejos de padres orientados a mejorar el vínculo con la comunidad sin intervenir necesariamente en lo pedagógico
Otro punto central es la formación docente: la propuesta incluye exámenes de ingreso a las carreras y evaluaciones formativas cada cuatro años. También prevé un Examen Nacional de Egreso de la Secundaria, junto con disposiciones sobre financiamiento y formas alternativas de enseñanza
Una base para un acuerdo más amplio
La discusión no es solo educativa, también es económica y social. Distintos economistas han mostrado el impacto de la educación en el desarrollo y en las oportunidades de vida. En ese sentido, se sostiene que es difícil imaginar una sociedad mejor si el sistema sigue produciendo resultados tan débiles
La referencia a experiencias de otros países apunta en la misma dirección: más autonomía escolar, más evaluación, más retroalimentación basada en evidencia y mayores exigencias formativas. En ese esquema, la Argentina aparece muy rezagada en autonomía decisional dentro de la comparación internacional
Una ley no resuelve por sí sola una crisis de esta magnitud, pero puede fijar una base común para cambios graduales y adaptados a cada provincia, que es la responsable primaria del servicio educativo. El desafío es discutirla sin prejuicios, con apertura y con voluntad de construir políticas de Estado
La deuda educativa es demasiado grande como para desperdiciar otra oportunidad