La política exterior suele decir más que los discursos. En el caso del Reino Unido, la reciente posición de Ed Miliband abre una pregunta incómoda: por qué una misma lógica ambiental sirve para frenar proyectos en el Mar del Norte, pero deja de aplicarse cuando el petróleo está en el Atlántico Sur

Una transición energética selectiva

Cuando estuvo al frente de Energía, Miliband defendió limitar nuevas licencias de exploración y explotación de hidrocarburos y pidió revisar proyectos como Rosebank y Jackdaw. Su argumento era claro: la transición energética exige dejar de ampliar la oferta de petróleo y gas

Hoy, desde la Cancillería, respalda el desarrollo del yacimiento Sea Lion en aguas cercanas a las Islas Malvinas, en un área cuya soberanía está en disputa. La contradicción no pasa desapercibida: lo que aparece como incompatible con los compromisos climáticos en el norte del país se presenta como aceptable en el sur del continente americano

El peso del derecho internacional

La discusión no se limita a una política energética. La Organización de las Naciones Unidas ha pedido reiteradamente que Argentina y el Reino Unido retomen el diálogo sobre la disputa de soberanía y eviten medidas unilaterales mientras el diferendo siga sin resolverse, en línea con la resolución 31/49

Cada avance del proyecto Sea Lion, cada licencia y cada paso hacia su consolidación son vistos, desde esa perspectiva, como hechos consumados que alteran el escenario en un territorio en disputa. El problema es también institucional: si una potencia con asiento permanente en el Consejo de Seguridad desatiende esos llamados sin consecuencias, el mensaje hacia el resto del mundo es alarmante

Coherencia o desgaste

Miliband todavía puede optar por una línea más consistente con el derecho internacional y con la tradición de una diplomacia británica que en otros momentos defendió la negociación. Robin Cook había intentado darle una dimensión ética a la política exterior, y Harold Wilson inició en su momento conversaciones con Argentina tras la resolución 2065 (XX)

Si, en cambio, Londres mantiene su respaldo al avance petrolero en el Atlántico Sur, el costo será político y simbólico: quedará expuesta una doble vara entre el discurso de transición energética y la práctica de sostener nuevos desarrollos según el lugar donde se encuentren los recursos

La autoridad moral de un Estado no se mide por la dureza de sus declaraciones, sino por la coherencia entre lo que exige y lo que está dispuesto a cumplir