La escuela secundaria atraviesa un desgaste profundo que se expresa en los aprendizajes, la asistencia y el vínculo con los estudiantes. El modelo vigente conserva estructuras diseñadas para otra época y tiene dificultades para responder a los cambios culturales actuales
En tiempos de inteligencia artificial, la enseñanza continúa organizada alrededor de un currículo dividido en disciplinas, una estructura heredada del siglo XIX. A esto se suma que una proporción importante de los egresados no domina plenamente la lectura y la escritura
Las desigualdades de origen también pesan. Quienes alcanzan mejores niveles en la cultura letrada suelen provenir de hogares donde esos conocimientos ya están incorporados, mientras la escuela muestra limitaciones para integrar a sectores culturalmente marginados
Una escuela desconectada de sus estudiantes
Las formas tradicionales de socialización tampoco alcanzan para comprender las subjetividades juveniles. El ausentismo crece y muchos alumnos manifiestan aburrimiento en las aulas
Al mismo tiempo, influencers y creadores de contenidos digitales consiguen captar la atención de numerosos jóvenes con propuestas de gran densidad científica. Esa capacidad de convocatoria evidencia que existen otros modos de comunicar y construir interés por el conocimiento
Algunas jurisdicciones comenzaron a impulsar reformas que incluyen el trabajo por proyectos, la resolución de problemas y una mirada más compleja sobre los saberes. También se ensayan formas de colaboración entre docentes y entre alumnos
Del conocimiento fragmentado a la articulación
Sin embargo, esas iniciativas todavía intentan adaptar un sistema concebido desde una cultura ilustrada y analógica. La comunicación ya no funciona como en la primera mitad del siglo XX, y la producción del conocimiento tampoco responde a los mismos actores ni procedimientos
Las tecnologías favorecen formas de articulación más horizontales, heterogéneas y simultáneas. El conocimiento dejó de organizarse exclusivamente mediante recorridos lineales y estructuras verticales
En cambio, el sistema educativo mantiene una organización centralizada, basada en la idea de que algunos planifican y otros ejecutan. Esa lógica burocrática puede transformar las decisiones en una cadena de instrucciones que pierde eficacia al atravesar los distintos niveles
La enseñanza también suele transmitir saberes aislados, producidos por especialistas y acumulados por los alumnos. El desafío consiste en ayudar a relacionarlos para comprender problemas que requieren integrar distintas áreas, como la urbanización y las inundaciones o la biología y la ingeniería
La inteligencia artificial como herramienta educativa
La era digital se apoya en un patrón epistemológico diferente, asociado con las transformaciones de la física cuántica, la teoría de la relatividad y la revolución científica de comienzos del siglo XX
Por eso, pensar una educación acorde con el presente requiere algo más que ajustar el modelo tradicional. Los organismos educativos y las universidades deberían formar equipos de innovación con tecnólogos, pedagogos, neurocientíficos, comunicadores, psicólogos y estudiantes
El objetivo sería orientar la inteligencia artificial hacia el desarrollo cognitivo. La tecnología debería ampliar las capacidades humanas, no reemplazarlas
También sería necesario incorporar a la organización educativa conocimientos sobre las nuevas modalidades de los servicios digitales. Las tecnologías no son neutrales: contienen intereses y sesgos que deben ser reconocidos y analizados
La escuela secundaria necesita una transformación integral que la vincule con el momento histórico actual. El problema ya no puede resolverse con parches aislados, sino con una revisión profunda de sus contenidos, sus formas de organización y sus modos de enseñar