En una misma cuadra pueden verse varias señales del cambio: un restaurante tradicional que cerró, un café mínimo que atiende desde una ventana, un edificio envejecido sin mantenimiento y un antiguo local comercial convertido en feria de fin de semana. Más allá de la anécdota barrial, esas escenas empezaron a repetirse en ciudades del interior y del conurbano
Consumo más barato, formatos más chicos
El consumo masivo cayó casi 3% en junio y suma siete meses consecutivos de retroceso. Al mismo tiempo, crece la compra de productos importados de bajo precio en plataformas digitales, con un aumento interanual del 118% en el primer trimestre. La clase media, golpeada por la pérdida de poder adquisitivo, se mueve hacia prendas usadas, segundas marcas, outlets y ferias barriales
También cambian los negocios. Se expanden los locales pequeños, con atención mínima y poca inversión: cafés, heladerías o reposterías que funcionan con pocos empleados, sin servicio de mesa y con vajilla descartable. A la vez, muchos cierres se traducen en ventas por redes sociales, emprendimientos familiares, showrooms, ferias y circuitos de ropa de segunda mano
Trabajo formal en retroceso
La precarización comercial camina junto con un mercado laboral más frágil. La informalidad explica hoy la mayor parte de la creación de empleo. Entre los ocupados, el 43% trabaja en condiciones irregulares, pero entre los jóvenes el peso de esa situación se acerca al 70%
En los sub-30 crecen el cuentapropismo, las aplicaciones y la changa como reemplazo del puesto estable. También avanza la oferta de servicios personales, mientras se reduce la de oficios que requieren más capacitación técnica. En ese corrimiento, muchos empleos dejan paso a trabajos de subsistencia
Jóvenes más expuestos
La fragilidad se vuelve más visible en los sectores vulnerables. Entre jóvenes de 18 a 29 años, casi la mitad atraviesa una situación de vulnerabilidad social y un tercio se ubica en el grupo que ni trabaja, ni estudia, ni busca empleo. Entre quienes sí tienen ocupación, apenas 18,9% accede a un puesto registrado o parcialmente registrado
La deuda también aprieta. Los jóvenes de hasta 24 años figuran entre los más afectados por la morosidad, que ya roza niveles récord en las familias. Además, quienes trabajan en apps de delivery aparecen con pasivos crecientes y tasas muy altas: en promedio, deben alrededor de un millón de pesos cada uno, muchas veces para cubrir gastos básicos
Hogares con menos margen
El dinero que les queda a las familias después de pagar los gastos fijos volvió a caer en mayo y acumula cinco meses seguidos de retroceso. Eso se traduce en menos mantenimiento de las casas, más deterioro visible en el espacio urbano y un mercado inmobiliario partido en dos: se mueve lo muy caro y lo muy barato, mientras el resto queda casi inmóvil
Todo compone una adaptación hacia abajo. Un sector amplio de la sociedad no colapsa ni protesta: se acomoda, recorta expectativas y baja un escalón tras otro para seguir funcionando. El resultado es una vida pública más áspera, un paisaje material más gastado y una convivencia que también parece achicarse
La duda de fondo sigue abierta: si esta foto es apenas una transición o si, por el contrario, está dejando una nueva normalidad marcada por la precariedad, el estancamiento y el deterioro silencioso