La célebre frase atribuida a Franklin Delano Roosevelt sobre Anastasio Somoza García sigue flotando entre versiones, traducciones y dudas históricas. Más allá de si fue pronunciada o no, la expresión terminó por condensar una idea política reconocible: cuando un aliado resulta útil, sus excesos pasan a segundo plano

Una consigna de conveniencia

La historia ha repetido esa fórmula con distintos personajes y en distintos tiempos. El punto central no es la literalidad de la frase, sino la lógica que encierra: sostener a un caudillo si garantiza estabilidad, control de recursos o alineamiento estratégico

En esa clave, Somoza aparece como ejemplo de un dictador respaldado pese a su naturaleza autoritaria. Su cercanía con Washington quedó marcada por el trato ceremonial que recibió en 1939, en una visita oficial con todos los honores protocolares

La duda sobre el autor

La atribución de la frase a Roosevelt nunca quedó sólidamente demostrada. También se ha asociado a Rafael Leónidas Trujillo y a Cordell Hull, pero sin respaldo documental concluyente. La expresión, en todo caso, sobrevivió precisamente porque describe con crudeza una práctica conocida: aceptar al bellaco si está del lado propio

Con el paso del tiempo, la fórmula se recicló para otros líderes y otros escenarios. Su vigencia no depende de quién la dijo primero, sino de que sigue sirviendo para nombrar una realidad incómoda: la política internacional suele premiar la utilidad antes que la decencia