El uso prolongado de pantallas durante la infancia y la adolescencia se relaciona con un aumento de los problemas visuales, especialmente de la miopía. En estudiantes secundarios de la ciudad de Buenos Aires se registró un promedio de 6 horas y 34 minutos diarios frente a dispositivos
La miopía impide ver con claridad los objetos lejanos. Se produce cuando el ojo se alarga más de lo normal y la imagen se forma delante de la retina. Aunque intervienen factores genéticos, determinados hábitos cotidianos también pueden favorecer su desarrollo
La luz natural como factor protector
Mirar durante períodos extensos a corta distancia, como ocurre con los celulares y otros dispositivos, y pasar poco tiempo al aire libre son dos factores ambientales relevantes. Durante el crecimiento, estas condiciones pueden estimular un alargamiento excesivo del ojo
La luz natural favorece la producción de dopamina en la retina. Este neurotransmisor contribuye a limitar el crecimiento del ojo y funciona como un mecanismo protector frente a la miopía. Por eso, se recomienda que los niños realicen al menos dos horas diarias de actividades al aire libre
La iluminación se mide en lux. Estudios realizados en jardines de infantes observaron un efecto protector en ambientes con unos 800 lux, frente a espacios con 260 lux. Cerca de grandes ventanas, un aula puede alcanzar una exposición natural superior a 1500 lux
Una enfermedad que puede comprometer la visión
La miopía no es solamente un defecto óptico que se corrige con anteojos, lentes de contacto o cirugía. Cuando alcanza valores elevados, puede modificar distintas estructuras oculares y aumentar el riesgo de complicaciones
Entre ellas se encuentran la aparición temprana de cataratas, una mayor probabilidad de glaucoma y enfermedades de la retina, como el desprendimiento retinal y la maculopatía miópica
El uso nocturno del celular también representa un riesgo. Según investigaciones del oftalmólogo Rafael Iribarren, los niños que utilizan estos dispositivos por la noche pueden duplicar sus probabilidades de desarrollar miopía, especialmente cuando la exposición supera las dos horas
El impacto de los cambios en los hábitos
Durante el confinamiento por la pandemia de Covid-19, las tasas anuales de progresión de la miopía en niños fueron superiores a las registradas el año anterior. La reducción de las actividades al aire libre y el aumento del tiempo frente a pantallas formaron parte de ese escenario
Una investigación realizada en el Hospital de Clínicas de la Universidad de Buenos Aires sobre 295 estudiantes de Medicina detectó miopía en el 51,2% de los casos. La cifra fue mayor que el 30% observado en un estudio similar realizado 25 años antes. Entre los hábitos comunes aparecieron la escasa exposición al aire libre y la intensa exigencia de lectura
La prevalencia también tiende a ser mayor en entornos urbanos densamente poblados. En China, por ejemplo, se observó una frecuencia más alta entre niños que viven en pisos bajos de edificios, con menor disponibilidad de luz natural, y en zonas urbanas frente a áreas rurales con más espacios abiertos
Prevención y controles desde los primeros años
Los oftalmólogos pediátricos cuentan con tratamientos destinados a detener o ralentizar la progresión de la miopía. Entre ellos se encuentran las gotas de atropina diluida, bajo prescripción controlada, y anteojos especiales con desenfoque en la zona periférica de las lentes
La Sociedad Argentina de Oftalmología Infantil recomienda controles al nacer, a los 6 meses, al año, a los 3 años, a los 5 años y luego cada dos años. Estas consultas permiten detectar alteraciones de manera temprana, realizar un seguimiento y comenzar un tratamiento cuando sea necesario
Reducir el tiempo de exposición a pantallas, evitar su uso nocturno y promover juegos y actividades al aire libre son medidas sencillas que pueden contribuir a proteger la salud visual y el desarrollo integral de niños y adolescentes