Daniel Ortega anunció que en Nicaragua no habrá más elecciones. Lo hizo en una puesta en escena cuidadosamente organizada, con miles de militantes alineados en la plaza, como en los actos de los regímenes que ya no necesitan fingir competencia política

La frase no inaugura una ruptura, sino que la vuelve explícita. Desde hace años, el poder en Managua se sostiene mediante comicios vaciados de sentido, fraude, persecución y exilio forzado de opositores

En la última elección presidencial, además, fueron detenidos todos los candidatos con posibilidades reales de competir, y luego expulsados del país o despojados de su nacionalidad, junto con centenares de nicaragüenses más. El periodismo independiente también fue empujado al destierro

Un poder sin contrapesos

El año pasado, la pareja presidencial impulsó una reforma constitucional que reforzó el control conjunto del Estado y subordinó las instituciones a su voluntad. Los poderes públicos quedaron convertidos en piezas funcionales del mismo esquema, incluido el órgano electoral, integrado por cuadros leales al oficialismo

Con ese andamiaje, las elecciones dejaron de ser un mecanismo de alternancia para convertirse en un trámite prescindible. La proclamación de Ortega solo puso en palabras una deriva que ya llevaba dos décadas avanzando

Rupturas y aislamiento

El deterioro institucional también se refleja en la política exterior. En 2022, el gobierno nicaragüense rompió relaciones con Holanda y expulsó a la embajadora neerlandesa y al representante de la Unión Europea. Un año después, tras las críticas al régimen, vino la ruptura con el Vaticano y la expulsión del nuncio apostólico

Este año se sumó España, cuyos representantes diplomáticos fueron expulsados, y también Italia, después de que Roma reclamara por la protección brindada en Nicaragua a Alessio Casimirri, exmiembro de las Brigadas Rojas acusado de participar en el asesinato de Aldo Moro. Antes, el régimen ya había cortado vínculos con Brasil y Ecuador

Una advertencia para la región

Panamá y República Dominicana llamaron a consulta a sus embajadores luego de los insultos recibidos desde Managua. En cambio, otros gobiernos de la región han optado por el silencio. Mientras tanto, Ortega sigue afirmando una visión política que rechaza el pluralismo y exalta un solo partido, un solo pueblo y un solo poder

La eliminación de las elecciones no es solo una provocación simbólica. Es la confirmación de un sistema que avanza sin disimulo hacia el absolutismo, con un costo directo sobre una sociedad entera sometida al miedo, la censura y el exilio