Argentina obtuvo en septiembre su peor desempeño de los últimos veinte años en las pruebas PISA. El dato, que provocó preocupación durante apenas unos días, volvió a quedar relegado frente a otros asuntos de la agenda pública

Las evaluaciones analizan las capacidades de estudiantes de 15 años que ya atravesaron buena parte de la escuela secundaria. No se limitan a medir contenidos memorizados: buscan determinar si pueden resolver problemas cotidianos, interpretar información y fundamentar decisiones

Problemas concretos detrás de los resultados

Una consigna de matemática puede pedir, por ejemplo, comparar dos planes de telefonía y calcular cuál conviene para una persona que consume determinada cantidad de datos. El objetivo no es repetir una fórmula, sino transformar una situación habitual en una operación y llegar a una conclusión razonada

En comprensión lectora, los estudiantes deben analizar textos con posiciones diferentes, reconocer coincidencias, distinguir matices y evaluar la solidez de los argumentos. Se trata de comprender, relacionar y justificar, no solamente de identificar información explícita

Casi ocho de cada diez alumnos argentinos no alcanzaron el nivel mínimo en las tareas vinculadas con matemática y razonamiento. En lectura, seis de cada diez tampoco llegaron al estándar considerado aceptable. El retroceso fue significativo respecto de la evaluación realizada en 2022

Detrás de los porcentajes aparece una dificultad elemental: muchos jóvenes terminan la escuela sin poder interpretar correctamente un instructivo, elegir entre opciones sencillas o comprender las indicaciones de un formulario laboral

Una escuela que aprueba, pero no garantiza aprendizajes

El deterioro no se reduce al desconocimiento de contenidos históricos o literarios. También alcanza habilidades básicas como leer con fluidez, escribir con claridad, resolver cálculos simples y aplicar un razonamiento lógico a situaciones comunes

Durante años, la educación pública argentina fue considerada un motivo de orgullo. Hoy, en cambio, enfrenta una pérdida de exigencia, métodos y criterios de evaluación que deja a numerosos estudiantes sin herramientas fundamentales

La política y la sociedad tampoco parecen sostener una respuesta acorde con la magnitud del problema. El debate sobre PISA suele durar poco y rápidamente es desplazado por otras discusiones

En sus 11 cadenas nacionales durante los primeros 33 meses de gobierno, el presidente Javier Milei no dedicó ninguna referencia específica a la crisis educativa. Sus visitas a escuelas estuvieron más vinculadas con la exposición de sus posiciones políticas que con la escucha de estudiantes, docentes y familias

La pérdida de autoridad también afecta el aula

El problema incluye las prácticas pedagógicas, pero no termina allí. La escuela también enfrenta dificultades para sostener reglas, organizar la convivencia y preservar la autoridad docente

Las pruebas PISA ubicaron a Argentina en el último lugar mundial entre los países evaluados en clima escolar. El indicador refleja aulas atravesadas por interrupciones, desorden, conflictos y falta de condiciones adecuadas para enseñar

La eliminación o debilitamiento de reglamentos, sanciones y mecanismos de evaluación contribuyó a desdibujar los límites institucionales. En ese contexto, el docente queda con frecuencia expuesto y sin herramientas suficientes para conducir la clase

Experiencias relatadas por docentes del conurbano bonaerense describen situaciones de violencia, interrupciones permanentes, consumo de sustancias, agresiones y ausencia de control. El aula deja de funcionar como un espacio ordenado de aprendizaje y se convierte en un escenario donde la autoridad aparece debilitada

Una emergencia con consecuencias sociales

La crisis educativa no es un asunto exclusivo de las escuelas. Sus efectos alcanzan la economía, el mercado laboral, las instituciones y la calidad de los servicios públicos

Una formación deficiente reduce también la cantidad de personas preparadas para trabajar en áreas esenciales como la docencia, la enfermería, la seguridad y la asistencia social. Así se forma una espiral en la que el deterioro de la educación produce nuevas carencias en el resto de la sociedad

El 11 de septiembre, Día del Maestro, Milei utilizó inteligencia artificial para recrear un diálogo con Domingo Faustino Sarmiento. La escena sirvió para vincular sus propias formas de actuar con la figura del impulsor de la educación pública, pero no abrió una discusión profunda sobre el legado educativo de aquel dirigente

La pregunta pendiente es qué haría Sarmiento frente a una escuela pública con estos resultados. La respuesta exige mucho más que una referencia simbólica: requiere reconocer la emergencia, recuperar la enseñanza de saberes básicos y reconstruir las condiciones necesarias para aprender