Después de muchos años, el narrador vuelve a Santo Domingo para participar en una feria del libro. El viaje reactiva recuerdos de distintas épocas: los encuentros con Mario Vargas Llosa, los años de televisión y una juventud atravesada por viajes, hoteles y decisiones tomadas al impulso del azar

Un reencuentro literario y una vieja discrepancia política

A comienzos del milenio, coincidió con Vargas Llosa durante la presentación de La fiesta del chivo, novela centrada en la dictadura de Rafael Trujillo. El libro provocó fuertes reacciones en República Dominicana, especialmente por la identificación de personas vinculadas con aquel régimen

En esa misma época, Vargas Llosa se negó a saludarlo debido a sus posiciones frente al gobierno de Alberto Fujimori. La esposa del escritor, en cambio, mantuvo con él una actitud afectuosa, por encima de las diferencias políticas

El episodio lo afectó profundamente. Poco después publicó un artículo en Lima para sostener que la candidatura de Fujimori a un tercer mandato contradecía las leyes y su espíritu. La reconciliación con Vargas Llosa llegó años más tarde, en Guadalajara, después de una presentación teatral en la que el escritor desplegó una memoria extraordinaria

La pregunta que cambió su carrera

Su vínculo con Santo Domingo comenzó mucho antes, cuando tenía entre veinte y veintisiete años. Un empresario de la televisión dominicana lo descubrió por casualidad mientras veía una entrevista en Lima

Durante aquella conversación, el periodista le preguntó a Alan García, entonces candidato presidencial y favorito en las encuestas, si había recibido un tratamiento conocido como “la cura del sueño”. García consideró que se trataba de un golpe bajo y decidió no responder

La consecuencia fue inmediata: el canal limeño lo despidió. Pero esa misma pregunta también le abrió otra puerta. El empresario dominicano le ofreció conducir Planeta 3, un programa semanal de política internacional, con una remuneración superior y viajes periódicos a Santo Domingo

Durante siete años vivió entre Santo Domingo, Miami y Lima. El programa se emitió también en otros países de la región y le permitió ganar notoriedad, además de recorrer buena parte de República Dominicana en autos alquilados

Vuelos turbulentos y noches de hotel

Entre sus recuerdos más persistentes no aparecen tanto las entrevistas ni las horas de televisión como los vuelos de Dominicana de Aviación. Los describe como trayectos en aviones antiguos, atravesados con frecuencia por tormentas nocturnas, sacudidas y pasajeros entregados a la oración

Cada aterrizaje era recibido con aplausos. Aquellas experiencias le revelaron, siendo muy joven, que estaba dispuesto a arriesgarse por una buena paga en efectivo

También recuerda las noches en los hoteles El Embajador, Lina y Concorde. Allí descansaba entre grabaciones, se refugiaba junto a la piscina, leía novelas y observaba a los huéspedes. Entre esos recuerdos aparecen dos mujeres italianas de Milán y las noches de baile en las discotecas, favorecidas por el vuelo directo que conectaba esa ciudad con Santo Domingo

Una nueva forma de ser aventurero

Ahora regresa como escritor, no como conductor de televisión ni como conquistador ocasional. Se aloja en un hotel del malecón con vista al mar, pero decide mantenerse lejos de la piscina y de las discotecas

La vida junto a su esposa, afirma, lo convirtió en un hombre feliz. Los antiguos tiempos de aventura quedaron atrás: ya no se siente un pirata de la televisión, los aviones o los hoteles, sino un filibustero dedicado a rescatar de la memoria las historias que todavía permanecen ocultas

Sin necesidad de un pasaporte especial, se siente un quisqueyano más en la isla que visitó tantas veces y que ahora vuelve a mirar desde la distancia de los años