El mundo atraviesa una etapa de cambios acelerados. La expansión de la inteligencia artificial, el cambio climático, la menor natalidad, el aumento de la longevidad, el avance de los liderazgos autocráticos y la transformación del capitalismo global están modificando las reglas conocidas

Argentina también transita una reconfiguración profunda. La llegada de Javier Milei alteró el sistema político organizado durante años alrededor de dos grandes coaliciones. Desde entonces, el escenario oscila entre una nueva polarización, la aparición de dirigentes todavía demorados y una creciente fragmentación

La falta de una oposición capaz de ocupar ese espacio beneficia al Gobierno en el plano político, incluso durante una etapa de dificultades. En cambio, la indefinición económica representa un problema para la administración libertaria, que enfrenta expectativas incumplidas y un debate interno sobre la conveniencia de acelerar un acuerdo político

Una sociedad más pobre, adulta y urbana

Mientras la política intenta reordenarse, la estructura social argentina atraviesa cambios de largo plazo. El país se volvió más pobre, más envejecido y más urbano. Ese proceso produjo un desfasaje entre instituciones diseñadas para la sociedad del siglo XX y una población con comportamientos, necesidades y vínculos diferentes

La crisis de representación alcanza a casi todos los ámbitos. La clase media, históricamente asociada con la movilidad ascendente, perdió tamaño, capacidad de ahorro y expectativas. En su lugar adquirió mayor peso la clase media-baja, que hoy ocupa un lugar central en la dinámica social

Los sectores medios también expresan un fuerte malestar con la situación económica. El 42,1% la considera “muy mala”, frente al 31,6% de los sectores de menores ingresos. No necesariamente se sienten peor que los más pobres, pero sí perciben con mayor intensidad la pérdida de posiciones y de perspectivas

El desencanto también tiene una dimensión generacional. Entre los mayores de 46 años, entre el 64% y el 68% cree que el país avanza en la dirección equivocada. Entre los menores de 25 años, la proporción baja al 45%, y entre los menores de 35 se ubica en el 51%

La percepción de una crisis profunda sigue una tendencia similar: alcanza entre el 60% y el 61% de los mayores, contra el 34% de los menores de 25 y el 47% de los menores de 35

La baja de las jubilaciones afecta especialmente a los mayores de 60 años. Quienes están por debajo de esa edad enfrentan el aumento de los alquileres, las expensas, las cuotas escolares y las prepagas. Ambos grupos, además, muestran mayor rechazo hacia las formas políticas de Milei y sienten que el proyecto libertario les habla menos que a los jóvenes

El mapa económico también se fragmenta

La urbanización extrema agrega otra tensión. Cerca del 90% de la población argentina vive en ciudades, pero el nuevo modelo económico parece ofrecer mejores perspectivas a las regiones andina, patagónica y pampeana, impulsadas por la minería, los hidrocarburos y el campo

Los grandes cordones urbanos, más dependientes de la industria y los servicios, aparecen con menos oportunidades. El esquema anterior tampoco resolvía sus problemas: estaba concentrado en el Área Metropolitana de Buenos Aires, era poco competitivo y necesitaba medidas que alteraban el funcionamiento de la economía

Las expectativas regionales reflejan esa diferencia. El 45% de los habitantes de la Patagonia espera un escenario favorable para los próximos doce meses. La cifra llega al 41% en la región andina y al 38% en la pampeana. En el Área Metropolitana de Buenos Aires, en cambio, apenas alcanza el 29%

El avance de las identidades individuales

Las diferencias sociales, etarias y geográficas forman un triple desajuste. Pero debajo de esas transformaciones aparece otro fenómeno decisivo: el debilitamiento de las pertenencias colectivas y el avance de la individualización

El Estado, los partidos y las organizaciones tradicionales ya no generan la adhesión de otras épocas. En muchos casos, un influencer, un streamer o una comunidad vinculada con intereses específicos consigue una identificación más fuerte que las instituciones políticas

La sociedad pasó de organizarse alrededor de identidades ideológicas relativamente estables a construir identificaciones personales, más cambiantes y menos duraderas. La desconfianza creció, las redes comunitarias se fragmentaron y se debilitó la sensación de formar parte de un proyecto común

En ese contexto, el triunfo de Milei puede interpretarse como una expresión de la implosión social. Su discurso no se apoya en la organización colectiva ni en la promesa de una comunidad, sino en la figura del individuo que busca remover obstáculos para alcanzar sus propios objetivos

La tolerancia al ajuste también estuvo relacionada con esa expectativa. Durante un tiempo, amplios sectores aceptaron sus costos porque habían depositado en el Gobierno la esperanza de una transformación personal y económica

Una política sin intermediarios

La desafiliación va más allá de la falta de confianza. Implica una crisis en el sentido de pertenencia y afecta a instituciones centrales como la familia, la escuela y el trabajo. En la política, se expresa también en la menor participación electoral y en el rechazo hacia las estructuras tradicionales

La inteligencia artificial puede profundizar esa tendencia. En un escenario de desafección, algunas personas podrían recurrir a sistemas automatizados para decidir a quién votar. La tecnología introduciría así una nueva forma de intermediación, pero con una relación todavía más impersonal con la política

Las identidades, sin embargo, no desaparecieron: se volvieron más dinámicas. Dejaron de presentarse como pertenencias inmutables y comenzaron a cambiar con mayor rapidez, al compás de las experiencias individuales y de las transformaciones sociales

La política deberá hablarle a esa sociedad de cara a las elecciones. Milei logró en 2023 interpretar parte de sus malestares, pero hoy enfrenta una realidad distinta y una relación menos estable con sus votantes

Sus adversarios también enfrentan dificultades. Perciben el desencanto, pero no terminan de comprender sus demandas. El desafío consiste en conectar con una población que desconfía de las intermediaciones y que, al mismo tiempo, todavía no encuentra razones para volver a pensarse como parte de un propósito colectivo