El ministro de Economía, Luis Caputo, modificó en los últimos meses su discurso sobre el impacto del kirchnerismo en los mercados. Primero sostuvo que el llamado “riesgo kuka” era inexistente; luego comenzó a atribuirle parte de la resistencia a la baja del riesgo país
Esta semana profundizó esa línea al afirmar que los operadores financieros temen “volver al infierno” y al definir a Axel Kicillof como “el anticristo”. La apelación al temor creció al mismo tiempo que se deterioraban algunos indicadores económicos
La estrategia, que también fue acompañada en distintas ocasiones por Javier Milei, terminó instalando de manera anticipada la discusión electoral. En el mercado, la pregunta dejó de ser únicamente económica: ahora también se analiza si el Presidente tiene posibilidades de ser reelegido
La espera de los inversores
La expresión más repetida entre empresarios y operadores es “wait and see”, una forma de describir la decisión de postergar inversiones hasta contar con mayor previsibilidad. Para el Gobierno, un año bajo esa lógica representa un riesgo para las expectativas y para la recuperación
Por eso la administración de Milei destacó los anuncios de inversión en minería y energía realizados durante el Argentina Week y difundió una cifra potencial de US$27.000 millones. Varias empresas francesas participaron de las actividades organizadas en París, tras las gestiones de Caputo y del embajador Ian Sielecki
Se trata, en buena medida, de sectores cuya rentabilidad puede sostenerse aun frente a los cambios políticos. Esa conducta empresarial permite a algunas compañías vincularse con distintos espacios sin asumir un compromiso definitivo con ninguno
El pedido de Caputo a los gobernadores
La reunión más significativa de la agenda oficial fue una cena en la biblioteca de la Embajada argentina. Participaron Caputo, Sielecki, Diego Santilli, Pablo Quirno y 13 gobernadores, cuyos bloques tienen influencia sobre 11 senadores y 24 diputados
El encuentro buscó construir confianza con los mandatarios provinciales, claves para aprobar las leyes que impulsa el Gobierno. Según personas que estuvieron presentes, Caputo expresó preocupación por las señales de la economía, en una semana en la que el riesgo país llegó a 650 puntos
El ministro admitió que las herramientas disponibles son limitadas y reclamó respaldo político para transmitir gobernabilidad. También reconoció inquietud por la baja del consumo, la menor recaudación y la actitud expectante del sector privado
“Hay que hacer un acuerdo ahora. En marzo ya va a ser tarde”, habría planteado Caputo durante la reunión. El gobernador neuquino Rolando Figueroa respondió con una pregunta: “¿Por qué no lo hacemos ya?”
La ausencia de Karina Milei fue observada por varios de los presentes. Los gobernadores perciben diferencias dentro de La Libertad Avanza entre quienes administran y necesitan acuerdos estables y quienes priorizan la disputa política de corto plazo
Avances sin compromisos definitivos
Los mandatarios provinciales valoraron el trato recibido en París. Milei conversó durante media hora con ellos y los incluyó en un intercambio con Emmanuel Macron, además de mostrarse satisfecho por los anuncios de inversión
Sin embargo, la buena relación no se tradujo en acuerdos concretos. El Gobierno no ofreció garantías sobre la competencia electoral en las provincias durante el próximo año, mientras que los gobernadores tampoco aseguraron su apoyo a las iniciativas oficiales, desde el presupuesto hasta la reforma política
La cautela responde a intereses contrapuestos. El oficialismo evita compartir espacios de poder si no lo considera indispensable; los gobernadores, en cambio, temen comprometerse con una administración cuyo escenario hacia 2027 todavía resulta incierto
La eliminación de las PASO concentra parte de la discusión. El Gobierno teme que un resultado débil en agosto provoque una corrida y anticipe una derrota, como ocurrió con Mauricio Macri en 2019. También busca evitar que una tercera fuerza capte a los votantes desencantados
Los gobernadores quieren saber si, a cambio de acompañar esa reforma, podrán incluir a sus candidatos legislativos en la boleta presidencial. Ante la falta de respuestas, muchos analizan desdoblar las elecciones provinciales, concentrarse en sus propias reelecciones y definir después su estrategia nacional
Una polarización con límites
La confrontación entre el espacio libertario y el kirchnerismo se apoya en una división política que se consolidó desde la crisis del campo de 2008. A diferencia de las antiguas disputas entre peronismo y radicalismo, combina diferencias ideológicas con una fuerte carga emocional y busca invalidar por completo al adversario
Milei llegó al poder con un discurso contra la “casta” y el pasado político. En 2025, la falta de acuerdos amplios condujo al oficialismo a apostar nuevamente por una disputa binaria, que terminó favoreciéndolo en las urnas
La incógnita es si esa fórmula podrá repetirse en 2027. Los datos electorales disponibles muestran que los dos polos perdieron parte de su capacidad de concentración: juntos reúnen entre el 65% y el 70% de las adhesiones, lejos del 90% que alcanzaron durante el período de mayor polarización
Una encuesta de QSocial reflejó además un rechazo significativo hacia ambos extremos. El 49% consideró que una reelección de Milei sería un retroceso para el país, mientras que el 46% opinó lo mismo sobre un eventual regreso del peronismo
Ese empate de temores revela la existencia de votantes que no se sienten representados por ninguna de las dos alternativas. Si no aparece una tercera opción atractiva, la polarización podría recuperar fuerza, aunque sobre una base más negativa y menos entusiasta
La demanda de un Estado más activo
También comienzan a observarse cambios en las preferencias sociales. La llegada de Milei estuvo asociada a una crítica al Estado, al gasto público y a una concepción amplia de la justicia social. El bajo rendimiento del modelo económico parece haber moderado parte de ese impulso
Un estudio de Pulsar-UBA señaló que durante 2026 creció la preferencia por un Estado más activo para reducir las desigualdades, aunque sin que eso implique abandonar el papel del sector privado
Otra investigación, de la consultora Escenarios, indicó que siete de cada diez argentinos quieren una mayor intervención estatal para reducir las diferencias económicas. La demanda, según ese análisis, combina la necesidad de bienes públicos y corrección de desigualdades con una valoración persistente del mercado y de las empresas
El escenario no muestra un regreso directo al pasado ni una adhesión plena a un modelo estatista. Expresa, más bien, una búsqueda de equilibrio que choca con la lógica de una elección planteada como una disputa entre dos extremos
Con la economía bajo presión y los acuerdos políticos todavía indefinidos, el Gobierno intenta transformar el temor electoral en una garantía de gobernabilidad. Pero la sociedad y las provincias parecen dispuestas, por ahora, a esperar antes de tomar partido