El Gobierno argentino intenta convertir los recientes encuentros de Javier Milei con presidentes y líderes afines en una plataforma de liderazgo regional. La idea que circula en su entorno es proyectar al Presidente como referencia de una nueva derecha continental
Sin embargo, entre varios de esos socios políticos domina otra prudencia: acompañan en las coincidencias ideológicas, pero no quieren quedar atrapados en la pelea abierta entre Milei y Luiz Inacio Lula da Silva
Apoyo político, pero con límites
En el oficialismo celebraron los contactos con Keiko Fujimori, José Antonio Kast, Daniel Noboa, Rodrigo Paz, Santiago Peña y Abelardo de la Espriella. En ese círculo interpretan esos vínculos como parte de una agenda común contra el socialismo y la llamada cultura woke
Aun así, distintas fuentes diplomáticas regionales señalan que esos dirigentes no están dispuestos a repetir la confrontación que la Casa Rosada sostiene con Brasil. Aunque se ubican sin matices en la derecha, todos procuran preservar el vínculo con Lula, considerado un socio central en la región
Brasil, China y la pulseada regional
La tensión bilateral escaló después del respaldo de Milei a Flávio Bolsonaro y de sus críticas directas a Lula, a quien llamó “ladrón” y “presidiario”. La respuesta brasileña derivó en movimientos diplomáticos y en un cruce que dejó al descubierto la fractura entre ambos gobiernos
En paralelo, China siguió de cerca el conflicto. Pekín mantiene una relación estratégica con Brasil y también cuida sus intereses en otros países del continente, en especial en Perú. En ese tablero, la sintonía con Brasil aparece como un factor que varios presidentes no quieren poner en riesgo
Pragmatismo electoral
Los próximos pasos de Milei volverán a cruzarlo con aliados regionales. Noboa lo recibirá en Quito para firmar acuerdos comerciales, actualizar el tratado de extradición y avanzar en convenios de energía y ciberdefensa. Luego viajarán a Bogotá para la asunción de De la Espriella
En el fondo, el cálculo político es compartido: la elección brasileña y las legislativas de Estados Unidos serán decisivas para medir hasta dónde puede avanzar el proyecto de liderazgo regional que promueve la Casa Rosada