Alberto Iribarne murió este sábado a los 76 años. Había sido ministro de Justicia durante el gobierno de Néstor Kirchner y su fallecimiento fue confirmado por su hija Inés en redes sociales
En su despedida, lo definió como un hombre afectuoso y solidario, de convicciones firmes, y destacó su paso por la política, la función pública y la vida académica. También remarcó la huella que dejó en su entorno familiar y personal
Una trayectoria ligada al peronismo
Nacido en Buenos Aires el 2 de agosto de 1950, Iribarne egresó del Colegio Nacional de Buenos Aires y se recibió de abogado en la Universidad de Buenos Aires en 1974
Su militancia política comenzó durante la última dictadura militar. Entre 1976 y 1983 trabajó como asesor de Deolindo Bittel en la conducción del Partido Justicialista, y en ese período redactó documentos para denunciar graves violaciones a los derechos humanos
A lo largo de su carrera ocupó distintos cargos dentro del peronismo. Fue funcionario en la Ciudad de Buenos Aires junto a Carlos Grosso, viceministro del Interior durante el gobierno de Carlos Menem y secretario de Seguridad Interior en la presidencia de Eduardo Duhalde. También fue jefe de campaña de Duhalde en 1999
Pese a esos antecedentes, aclaró en varias ocasiones que no se consideraba menemista y que mantenía su pertenencia al justicialismo desde joven
Su paso por Justicia y la diplomacia
En 2005 llegó al Ministerio de Justicia bajo la presidencia de Néstor Kirchner. Su incorporación al gabinete estuvo vinculada a su relación política y personal con Alberto Fernández
Durante su gestión acompañó la reapertura de los juicios por delitos de lesa humanidad tras la anulación de las leyes de impunidad. Además, impulsó junto a Carlos Beraldi una comisión de juristas para reformar el Código Procesal Penal y respaldó la autolimitación del Poder Ejecutivo en la designación de magistrados mediante los decretos 222 y 558 de 2003
Se mantuvo en el cargo hasta el final del mandato de Kirchner, en 2007. Más tarde fue propuesto como embajador ante la Santa Sede, pero no obtuvo el plácet del Vaticano por su condición de divorciado. Tras ocho meses de espera, desistió de la postulación
En 2019 volvió a la diplomacia, cuando Alberto Fernández lo nombró embajador argentino en Uruguay. Desde ese lugar trabajó en el fortalecimiento del vínculo bilateral en los planos comercial, social y cultural
Docencia y despedidas
Su actividad también incluyó la enseñanza en la Universidad de Buenos Aires y en la Universidad del Salvador. A eso sumó la publicación de tres libros
Tras conocerse la noticia, dirigentes y diplomáticos también lo despidieron con mensajes que destacaron su trayectoria, su compromiso político y su calidez personal