‘Cómicos de Roma’ propone una mirada satírica y mordaz sobre la profesión de actor a través de una compañía humilde que intenta sobrevivir en la Roma imperial. La obra, dirigida por José Pascual a partir de una premisa de David Mamet, une enredo clásico y ironía contemporánea para contar una historia de tropiezos, ambición y castigo
Una compañía acorralada
El montaje sigue a un grupo de cómicos que, tras una cadena de errores, acaba entre rejas militares. En el centro está Strabo, interpretado por Fernando Tejero, un actor arruinado que se aferra a su oficio y a los suyos mientras convive con la idea de que la vida escénica también está hecha de engaños
En ese recorrido aparece también el vínculo entre Strabo y su pupilo Philius, encarnado por Daniel Arias, mientras Pelargón, a cargo de Rafa Castejón, actúa como contrapeso y pone límites a los impulsos del protagonista
Humor frente a jerarquía
La obra enfrenta el absurdo de la disciplina militar con el sarcasmo de quienes viven de actuar. Desde esa tensión, el texto subraya la precariedad del oficio y el riesgo de acercarse al poder, al tiempo que lanza pullas contra las jerarquías y la brutalidad de las tropas
El resultado es un juego constante entre la ligereza de la comedia y la dureza del orden imperial, con frases punzantes y situaciones que refuerzan el contraste entre la farándula y la autoridad
Escenografía, vestuario y música
La puesta en escena recorre distintos espacios, desde el refugio de la compañía hasta villas romanas y una mazmorra militar, para remarcar la distancia entre la inestabilidad de los cómicos y la solidez del imperio. El vestuario también ayuda a dibujar el paso de la gloria al desastre y a marcar las diferencias sociales
A ello se suma la música de Marc Álvarez, que imprime ritmo a la función y acompaña una propuesta sostenida por el humor, la tensión y el entusiasmo de un público entregado