Bogotá, 31 ago.- El caso de Lucas Murillo, un niño colombiano de siete años con una cardiopatía congénita, puso nuevamente en el centro del debate las fallas del sistema de salud en Colombia. El menor pidió ayuda al presidente Abelardo de la Espriella para acceder a un trasplante de corazón

En un video que se hizo viral, Lucas se presentó con nombre completo, contó que necesita oxígeno de forma permanente y dijo que ha pasado por tres cirugías a corazón abierto. También afirmó que vive en Cúcuta, en el departamento de Norte de Santander, y que su madre lleva un año gestionando ante la Nueva EPS la autorización de exámenes, un cateterismo en una clínica de cuarto nivel y su ingreso a una lista de trasplantes

“Yo no me quiero morir”, expresó el niño en el mensaje que impulsó la reacción de las autoridades sanitarias y del Gobierno, que anunciaron medidas para atender su situación médica

Traslado y atención especializada

Luego del llamado público, el menor fue trasladado en un avión medicalizado desde Cúcuta hasta Bucaramanga. Este lunes ingresó al Hospital Internacional de Colombia, centro especializado en atención cardiovascular, donde fue recibido por personal médico con aplausos al llegar en camilla

La institución indicó que el niño contó con un equipo especializado que acompañó y monitoreó su estado de salud durante todo el trayecto

El presidente informó que habló con Lucas por teléfono y le aseguró que lo ayudará en lo que necesite. Además, dijo que ordenó actuar de inmediato tras conocer el caso

Un sistema bajo presión

La atención rápida al niño volvió a contrastar con otras urgencias del sistema sanitario colombiano. En febrero murió Kevin Acosta, otro menor de siete años con hemofilia, después de que dejó de recibir los medicamentos que requería

La crisis de la red de salud en Colombia se ha agravado por las deudas acumuladas de las EPS, que según un estudio de abril de la Asociación Colombiana de Hospitales y Clínicas superan los 25,7 billones de pesos colombianos, unos 8.000 millones de dólares

Esa situación ha derivado en cierres de centros asistenciales, suspensión de servicios, demoras en citas y cirugías, y retrasos en la entrega de medicamentos. Entidades de control también han advertido un aumento sostenido de las quejas por falta de atención especializada y por dificultades para acceder a tratamientos, en medio de un deterioro profundo del sistema