La llegada a Mongolia comienza en Ulán Bator, una capital donde las tiendas de lujo y las grandes cadenas internacionales conviven con templos budistas, viviendas tradicionales y grúas que anuncian una transformación acelerada
El país creció durante la última década gracias a la inversión extranjera en recursos como el cobre y el oro. El libre mercado se instaló a comienzos de los años 90, después de siete décadas como Estado satélite de la Unión Soviética
Ulán Bator, una capital en transición
En sus avenidas aparecen comercios de marcas internacionales junto a negocios de productos elaborados con cachemira y lana de camello. Los edificios modernos comparten el paisaje con los barrios de ger, viviendas circulares desmontables utilizadas por las familias nómadas
La primera noche, una presentación de canto de garganta permitió conocer una expresión musical capaz de reproducir sonidos de la naturaleza mediante dos notas simultáneas. El espectáculo incluyó un instrumento de grandes dimensiones cuyas cuerdas están hechas con crines de caballo
Desde lo alto del hotel Blue Sky se observa la plaza Sukhbaatar y el monumento dedicado a Damdin Sukhbaatar, figura de la revolución de 1921. La ciudad, conocida antiguamente como Urga, adoptó en 1924 el nombre de Ulán Bator, que significa “héroe rojo”
Al día siguiente, la visita al monasterio budista Gandan mostró otra dimensión de la capital. Es uno de los templos que sobrevivieron a la destrucción ocurrida durante el período comunista. El budismo recuperó fuerza desde 1990, tras la caída del bloque soviético y las primeras elecciones democráticas del país
Hacia la Siberia mongola
El viaje continuó desde el aeropuerto internacional Genghis Khan hasta Murun, en el norte. Allí aguardaban dos vehículos UAZ, conocidos como buhanka por su carrocería cuadrada, además de un conductor, un cocinero y el equipo necesario para acampar
En esa zona no hay transporte interurbano regular y los visitantes no pueden alquilar vehículos sin licencia local. Además, la región de la Siberia mongola carece de hoteles, por lo que el recorrido obliga a adoptar, al menos por unos días, una rutina cercana a la de los nómadas
El camino atraviesa altares de piedra llamados ovoo. La tradición indica que hay que rodearlos tres veces en el sentido de las agujas del reloj y dejar una señal azul. En esos montículos pueden encontrarse desde cuernos de cabra hasta neumáticos y caramelos
Cuando desaparece el camino de ripio, la orientación depende de las referencias del terreno y de las indicaciones de los habitantes. El guía Baagi lo resume con humor como un “Ger Positioning System”: basta encontrar una vivienda y preguntar dónde está la siguiente
La hospitalidad de los ger
Más del 30% de la población todavía vive ligada al pastoreo nómada. Las familias trasladan sus viviendas según las estaciones, en busca de mejores pasturas para los animales. La estructura de madera, cubierta con fieltro y lona, conserva una forma de vida milenaria, aunque frente a muchos ger ya hay camionetas y antenas parabólicas
Las distancias entre familias pueden ser enormes, pero las visitas son recibidas con naturalidad. En el centro de la vivienda se encuentra la estufa, utilizada para cocinar y reunirse. Allí se ofrecieron una preparación similar al queso hecha con leche de oveja y pan
Mientras los niños practicaban lucha libre, uno de los deportes más populares del país, el grupo se preparó para pasar la noche en las cercanías de las montañas Ulaan Taiga. El frío obligó a conservar la carpa, pese a la tentación de dormir bajo el cielo abierto
Un ritual en el bosque
Después de dos días de viaje, la estepa dio paso a los bosques de taiga, entre la tundra y los paisajes siberianos. El destino era Tsagaan Nuur, una pequeña localidad donde vive Baldandorj, un chamán consultado por vecinos que buscan respuestas sobre la salud, el amor y otros asuntos personales
El lugar del ritual quedó en manos de los espíritus, según explicó el chamán a través de Baagi. La ceremonia se realizó al mediodía, en el bosque. Baldandorj, vestido con su indumentaria ceremonial, se sentó en posición de loto, fumó y ofreció tabaco a los espíritus mientras emitía sonidos durante casi media hora
Luego formó un círculo con los visitantes y respondió sus preguntas como intérprete de los espíritus del bosque. Las ofrendas consistieron en comida, vodka y cigarrillos. Antes de la despedida, entregó pequeños papeles con hojas de enebro para enterrar al regresar a casa, como deseo de salud y prosperidad
Al abandonar la aldea, unos soldados detuvieron brevemente al grupo. La explicación fue sencilla: se encontraban a pocos kilómetros de la frontera rusa
El lago Hovsgol y el regreso
El recorrido siguió hacia el este, hasta el Parque Nacional Lago Hovsgol, uno de los destinos turísticos más importantes de Mongolia y un lugar elegido también por los habitantes del país durante sus vacaciones
La noche transcurrió en un ger lodge, con una cama y una ducha después de varios días de campamento. Antes de dormir, llegó el turno del shagai, un juego en el que se arrojan huesos de cabra u oveja como si fueran dados y que también se utiliza para interpretar la fortuna
El viaje entre Ulán Bator y Murun puede extenderse entre 12 y 14 horas. Para los ciudadanos argentinos no se exige visa en estadías de hasta 90 días. La temporada más conveniente se extiende de junio a septiembre; durante el invierno, la capital puede alcanzar los 30 grados bajo cero
La cocina tradicional es abundante y calórica, con protagonismo de la carne de cordero, ternera y cabra, además de los lácteos. Las frutas y verduras ocupan un lugar secundario en la alimentación de una sociedad marcada históricamente por el nomadismo