A partir de los 60 años, es frecuente que disminuya la cantidad de comida que una persona tolera o desea. En un análisis de casi 60 estudios, se observó que los adultos de esa edad consumían entre 16% y 20% menos calorías que los más jóvenes
Los especialistas señalan que no hay una sola explicación. El apetito, la saciedad y hasta la forma en que el cuerpo responde a la comida pueden cambiar con el paso del tiempo
Hormonas, digestión y músculo: un combo que frena el hambre
Con el envejecimiento, pueden darse alteraciones hormonales que reducen el deseo de comer. Algunas investigaciones muestran menos grelina, la hormona asociada al hambre, y más leptina y colecistoquinina, vinculadas con la saciedad
También hay indicios de que el estómago se vacía más lento, lo que puede demorar la sensación de hambre después de comer. A eso se suma la pérdida de masa muscular, que baja el gasto energético y reduce las necesidades calóricas
Cuando la comida pierde atractivo
El olfato y el gusto suelen debilitarse con la edad. Si los alimentos huelen o saben menos, es normal que provoquen menos deseo de comer
Otro factor es la soledad a la hora de comer. Distintos estudios muestran que las personas suelen ingerir más alimentos cuando comparten la mesa, especialmente con amigos o familiares, porque permanecen más tiempo comiendo
Qué puede ayudar a recuperar el apetito
Hacer actividad física con regularidad puede abrir el apetito. El entrenamiento de fuerza resulta especialmente útil porque ayuda a desarrollar músculo. Para mayores de 65 años, se recomienda trabajar el fortalecimiento muscular al menos dos veces por semana
Si la persona come menos y teme una falta de nutrientes, conviene priorizar una dieta equilibrada con frutas, verduras, legumbres, cereales integrales y proteínas magras
También puede servir dividir la ingesta en cuatro o cinco comidas más pequeñas al día, en vez de forzar tres grandes. Y en la cocina, sumar hierbas, especias, limón o salsa picante puede ayudar a compensar la pérdida de aroma y sabor
Compartir la cena con seres queridos también puede ser una estrategia simple y eficaz para comer mejor