Jorge Fernando Castro, conocido como “Locomotora” o “Roña”, nació el 18 de agosto de 1967 en Caleta Olivia, Santa Cruz. Su historia estuvo atravesada por la calle, la pelea, la libertad, los excesos, la solidaridad y una personalidad imposible de encasillar
Hijo de Mirta Ortiz y de un trabajador catamarqueño que emigró hacia los yacimientos petroleros, Castro construyó su propio camino desde muy joven. Apostaba fuerte, dentro y fuera del boxeo, con una mezcla de rebeldía, simpatía y coraje que terminó convirtiéndolo en uno de los grandes ídolos populares del deporte argentino
Tuvo dos matrimonios, numerosas compañeras, 15 hijos, 14 nietos y seis hermanos. Su figura creció con rapidez durante sus apariciones en la Federación Argentina de Box, especialmente entre 1988 y 1990, cuando sus nocauts, su sonrisa y su lengua filosa lo transformaron en una atracción permanente
De las peleas callejeras al Luna Park
Entre 1987 y 2007, Castro disputó 144 combates profesionales. Según el registro consignado, obtuvo 130 victorias, 90 de ellas por nocaut, además de 11 reveses y tres derrotas
Sin embargo, entre sus recuerdos más importantes siempre apareció una pelea de adolescencia contra Poroto, un hombre corpulento de Puerto Deseado. El enfrentamiento comenzó frente a un boliche de Caleta Olivia y se extendió durante tres cuadras, con golpes, patadas y botellazos. Cuando su rival creyó tenerlo vencido, Castro reaccionó y terminó imponiéndose
Debutó en 1987 y al año siguiente noqueó a Pedro Ruiz en Catamarca, en una pelea transmitida para todo el país. Poco después llegó a Buenos Aires junto con su representante José Cifuentes y el entrenador Oscar Ayala. Antes había aprendido los fundamentos con Perico Duarte
Los triunfos por nocaut ante Carlos Velázquez y Carlos Pastrán aumentaron su popularidad. Esa seguidilla llevó a Juan Carlos “Tito” Lectoure a alquilar el Luna Park para una función organizada por Torneos y Competencias. Allí, el 2 de diciembre de 1989, Castro derrotó por nocaut técnico en el noveno round al salteño Miguel “Puma” Arroyo
Las primeras derrotas y la consagración mundial
A fines de 1991 tuvo su primera oportunidad internacional ante Terry Norris, en París, por el título mediano junior del CMB. Perdió ampliamente por puntos después de 12 asaltos, aunque soportó el castigo gracias a su resistencia y su espíritu combativo
Tiempo después también cayó frente al estadounidense Roy Jones en Pensacola. El múltiple campeón mundial destacó la dureza de su mandíbula y su capacidad para resistir situaciones límite
La consagración llegó en 1994, cuando Castro aumentó su peso de 69,850 a 72,574 kilogramos para competir en la categoría mediano. Con el respaldo del gobierno de Ramón Ortega, venció en Tucumán al estadounidense Reggie Johnson luego de 12 rounds intensos y se quedó con el cinturón de la AMB
Más tarde retuvo la corona ante Alex Ramos, con apoyo del gobierno de Santa Cruz, y ese triunfo le abrió las puertas a una cartelera internacional impulsada por el promotor Don King
El milagro de Monterrey
El 10 de diciembre de 1994 protagonizó una de las noches más recordadas del boxeo argentino. En el estadio de béisbol de Monterrey compartió cartel con figuras como Julio César Chávez, Ricardo “Finito” López, Frankie Randall y Félix Trinidad
Su rival fue John David Jackson, frente a quien expuso el título mundial. Castro llegó al noveno asalto con cortes en el rostro y una desventaja total en las tarjetas. Parecía encaminado a perder la corona
Pero cambió el curso de la pelea. Fingió estar exhausto, esperó el momento exacto y derribó a Jackson con un cross de izquierda. Después de que el estadounidense se levantara, dos golpes más definieron el combate. Castro conservó el título en una remontada que quedó entre las grandes hazañas del boxeo
El árbitro Stanley Christodoulou defendió años después su decisión de no detener la pelea: entendía que el argentino estaba lastimado, pero aún mantenía lucidez y capacidad para continuar
Durán, los accidentes y el final
Castro volvió a combatir en 1995. Retuvo la corona contra Anthony Andrews, venció nuevamente a Reggie Johnson en Argentina y luego perdió el título en Japón frente a Shinji Takehara
En 1997 protagonizó dos duelos memorables con el panameño Roberto “Mano de Piedra” Durán. Ganó por puntos en Mar del Plata y perdió la revancha, también por decisión, en Panamá. La rivalidad fortaleció la amistad entre ambos y acercó a Diego Maradona a esas figuras del cuadrilátero
Con el paso de los años llegó a pesar 86 kilos e intentó conquistar el título crucero. Perdió por nocaut ante el cubano Juan Carlos Gómez en 2000 y por puntos frente al kazajo Vassiliy Jirov en 2022
En mayo de 2005, después de noquear a Derrick Harmon en el Luna Park, sufrió otro accidente automovilístico. En 1995 ya había padecido un episodio grave cerca de Pico Truncado, con víctimas fatales y riesgo para su propia vida. Esta vez permaneció 15 días en coma, pero sobrevivió
Contra todo pronóstico, volvió a subir al ring. En 2006 perdió por nocaut ante el colombiano José Luis Herrera, nuevamente en el Luna Park. Un año más tarde derrotó a su rival en una revancha disputada en Mar del Plata, en un combate rodeado de dudas y episodios policiales. Allí terminó su carrera
Una personalidad imposible de repetir
Castro tenía una velocidad natural y un estilo basado en combinaciones de cinco o seis golpes a media y corta distancia. Cuando lograba dominar a su adversario, podía volverse imparable. El nocaut era una de sus herramientas principales y también una parte esencial de su identidad
Después del boxeo supo mantenerse activo y no vivió su retiro como una tragedia. Participó en programas de opinión, fue una figura habitual de la vida pública y en sus últimos años se vinculó con tareas de ayuda social en comedores del sur bonaerense
Hincha de Boca, aficionado a la noche y a las ruletas, fue socio vitalicio del boliche Cocodrilo. En los años 90 integró, junto con Julio César Vásquez y Juan Martín Coggi, un inolvidable trío de campeones argentinos
Presidentes, gobernadores, fanáticos y oportunistas buscaron acercarse a su figura. Castro, fiel a su estilo, repartió afectos y rechazos según la conducta de cada uno. Su legado quedó ligado a una forma de pelear y de vivir que combinó talento, exceso, valentía y una cercanía única con el público